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Agro del futuro: qué y cómo se producirá en los próximos 10 años


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Agro del futuro: qué y cómo se producirá en los próximos 10 años


Especialistas del INTA y la UBA esbozaron ideas sobre tendencias y desafíos que marcarán la próxima década del sector.


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Lucía Cuffia

Editora

Publicado en Septiembre 2025

Para intentar responder a la pregunta sobre cómo será producir en el agro del futuro, se convocó a Roberto Bisang (UBA) y Pablo Mercuri (INTA), quienes compartieron un panel moderado por Martín Rainaudo. El objetivo fue aportar valor a los desarrolladores y usuarios de agtechs con una mirada a 10 años sobre dos ejes fundamentales: el modelo de negocio agropecuario y el clima. El debate buscó dar luz sobre quién, cómo y para quién van a producir las empresas.

“La naturaleza no es sinónimo de riqueza. Muchos creen que es un proceso simple, pero no. No hay bosques de soja en Pergamino; hay tecnología y conocimiento”, afirmó Bisang al abrir la charla. Hoy el agro atraviesa un cambio tecnológico centrado en lo biológico que obliga a repensar algunas preguntas básicas: dónde se genera la tecnología, por qué, cómo se difunde. “No solo aprende el que trabaja, sino también la materia prima, es decir, lo biológico sobre lo que se trabaja; ahí está la gran novedad”, agregó.

En el mundo actual son muchas las disrupciones y resulta difícil proyectar mirando el pasado: Inteligencia artificial para detección de plagas, automatización y robotización, biotecnología aplicada, trazabilidad y blockchain, energías renovables. “El lenguaje cambió. Los manuales quedaron atrás: ahora se aprende en YouTube y en redes de conocimiento”, apuntó Bisang. “El problema es que ahora vienen los pibes de 30 años con un lenguaje que no entendemos y te venden estas cosas”, ironizó.

Frente a esto, los decisores agropecuarios deben armar sus propios paquetes tecnológicos. “Mientras que antes se apoyaban en consultores, asesores y redes de conocimiento aplicado, ahora van a tener que vivir a código abierto constante. No podemos mirar atrás para proyectar, pero sí para aprender. Ahora hay que adaptar la tecnología al ambiente, pasar de la rigidez de las máquinas a la flexibilidad del proceso”, señaló.

¿Quién va a armar el paquete? ¿Quién gestiona el proceso? Para explicarlo, recurrió a una analogía con una carrera de Fórmula 1: “El decisor elige el auto. Cada circuito tiene un trazado distinto; no te sirve un auto universal. El rival también mueve: si mide bien los datos, es un Verstappen; si no, llega último. Detrás hay un equipo y una red en código abierto. Finalmente, en plena carrera, aparece una leyenda que dice ‘el clima cambió’”.

Pablo Mercuri sumó que una buena forma de anticipar escenarios es mirar los lemas y consignas que circulan en ámbitos internacionales, empresas, instituciones y congresos, porque marcan los grandes temas que se interconectan: salud del suelo y sostenibilidad; biodiversidad y cambio climático; de la mitigación, adaptación y resiliencia a la agricultura climáticamente inteligente; una agricultura basada en el conocimiento y la gestión de tecnologías, en lugar de insumos; la conservación del suelo y el agua; almacenamiento de C y regeneración de la fertilidad del suelo; el nexo entre agua-energía-alimentos; y las prácticas regenerativas: soluciones basadas en la naturaleza.


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Estos temas, dijo, orientan hacia una agricultura de precisión y una agronomía cuantitativa: “Una agronomía que mide carbono, nutrientes, agua, emisiones, indicadores biológicos, químicos y físicos, plagas; una agronomía de precisión de tiempo real, que no insume más tiempos; que diseña sistemas integrados con biotecnología avanzada”.

Mercuri intentó sintetizar esta proyección y dinámica de los recursos naturales mirando el clima, específicamente dos variables: agua y temperatura. “Hoy trabajamos en un planeta más caliente, con crisis hídricas, escasez de agua y alta variabilidad interanual, interestacional e intraestacional. Esto limita la producción y exige mayor adaptación”, señaló. También citó a Rodolfo Gil al destacar que “los suelos son los silos del agua” y llamó a guardarla. Advirtió que los eventos extremos están marcando los techos productivos y que olas de calor y frío exigen adaptación y seguros más específicos.

Para diferenciar tendencia de variabilidad, mostró cómo las temperaturas medias anuales de las últimas seis décadas evidencian una tendencia ascendente, mientras que las lluvias son más variables. “La flexibilidad en la toma de decisiones resulta clave; la mejor adaptación es la gestión del agua; y la agrometeorología alimentará una agronomía de precisión”, aseguró.


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Sobre este último punto advirtió que muchas estadísticas se basan en valores medios, que ocultan extremos, por lo que recomendó usar índices estadísticos de extremos. Destacó también el rol de la inteligencia artificial para impulsar una nueva generación de pronósticos, que reducirán la intuición y aumentarán la predicción probabilística.

Finalmente, citó a Florentino Ameghino, mencionando una frase de su libro sobre secas e inundaciones, publicado a finales del 1800: “No saquen el agua, almacenenlá, como lo hace la naturaleza en cada paisaje”


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