Un suelo sano es clave para la salud, el clima y el futuro.

Desafíos Globales
Un suelo sano es clave para la salud, el clima y el futuro.
Rattan Lal, Premio Mundial de la Alimentación, destacó el rol de la agricultura argentina y llamó a una revolución regenerativa.
Andrea Garofalo
Editora
Publicado en Septiembre 2025

“Un suelo sano produce alimentos más nutritivos. Y cuando los suelos se degradan, también se degrada la salud de las personas”. Con esa frase, el profesor Rattan Lal, uno de los mayores referentes mundiales en ciencias del suelo y Premio Mundial de la Alimentación, marcó el eje de su conferencia en una sesión especial organizada por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), en el marco del XXXIII Congreso de Aapresid: Código Abierto.
Con la serenidad que lo caracteriza y una mirada integral sobre los grandes desafíos de la humanidad, Lal dejó un mensaje contundente: la salud del suelo es inseparable de la salud humana y del futuro del planeta. Aunque no pudo estar en persona, Lal participó desde la Universidad Estatal de Ohio, donde dirige el Centro de Manejo y Secuestro de Carbono, con un discurso que combinó datos científicos, visión estratégica y un fuerte compromiso ético con la agricultura del futuro.
En diálogo con productores, investigadores y autoridades, entre ellos el director general del IICA, Manuel Otero, a quien elogió por su “liderazgo visionario” en América Latina, el científico recordó que “todo comienza en el suelo” y que la salud de este recurso invisible es, en realidad, el punto de partida de la vida, de la alimentación y de la salud humana.

Una historia de éxito llamada Pampa
El recorrido de Lal por la historia agrícola argentina fue una clase magistral de cómo un territorio puede transformarse en motor productivo global. Describió la Pampa como “un suelo fértil, plano y extenso, con condiciones climáticas ideales para el cultivo y la ganadería”, que hacia mediados del siglo XX practicaba una agricultura extensiva y que desde los años 70 se convirtió en escenario de una intensificación sin precedentes.
El crecimiento fue exponencial: la superficie cultivada en Argentina fue casi triplicada, pasó de 14 millones de hectáreas en 1961 a casi 40 millones en 2022. En el mismo período, los rendimientos se multiplicaron: el maíz pasó de 1,7 toneladas por hectárea a más de 5, la soja de 1 a 1,7, y el trigo de 1,3 a 2,3. La producción nacional de granos se cuadruplicó, escalando de 42 millones de toneladas a más de 180 millones.
El motor de esta revolución fue la adopción masiva de la siembra directa, un modelo que alcanzó hoy al 80% de la superficie cultivada. “Se trata de una verdadera historia de éxito”, destacó Lal, y felicitó tanto a los productores como a las organizaciones y al liderazgo del IICA en la difusión de buenas prácticas agrícolas.
Pero junto con los logros, llegaron también las advertencias. La intensificación generó erosión, pérdida de materia orgánica, emisiones de gases de efecto invernadero y pérdida de biodiversidad. “El futuro no puede basarse solo en celebrar los éxitos pasados. Ahora debemos encarar los desafíos de la degradación ambiental”, señaló. Lal no lo presentó como un fracaso, sino como un llamado a dar un paso más en la evolución del agro.
Ese paso, explicó, es la agricultura regenerativa y basada en el carbono. Una forma de producir que busca restaurar la materia orgánica de los suelos, capturar carbono atmosférico, reducir las emisiones y aumentar la eficiencia en el uso de insumos. Todo ello, con el objetivo de garantizar sostenibilidad y resiliencia en el tiempo.

Agricultura regenerativa y carbono: el nuevo horizonte
La propuesta de Lal se concentra en una idea: la agricultura regenerativa y basada en el carbono. Este modelo busca devolver al suelo lo que la intensificación le quitó: carbono orgánico, nutrientes esenciales y capacidad de sostener la vida.
La estrategia se apoya en varias prácticas conocidas —siembra directa, rotación de cultivos, coberturas vegetales, manejo integrado de nutrientes—, pero va más allá: se trata de una filosofía de producción que persigue la “recarbonización de la biosfera terrestre” como piedra angular del desarrollo sostenible.
“El carbono que perdimos del suelo debe ser restaurado. Es el elixir de la vida, la verdadera receta de la salud del suelo”, afirmó el científico. Según los estudios que citó, si los suelos se manejan correctamente, existe un potencial técnico de capturar hasta 2,5 toneladas de carbono por hectárea al año, lo que permitiría mantener el calentamiento global por debajo de los 2 grados hacia fin de siglo.
Ese enfoque incluye un capítulo económico: reconocer el valor social de la captura de carbono y remunerar a los productores por su aporte. Lal recordó que en 2010 un crédito de carbono se cotizaba en 35 dólares, y que en 2025 se ubica en torno a 50. “El productor debe recibir una retribución justa, porque es quien hace posible esta transformación en beneficio de todos”, sostuvo.
Suelo, salud y espiritualidad
Más allá de los datos, la conferencia de Lal se transformó en un viaje cultural y casi espiritual sobre la relación entre el suelo, la alimentación y la vida. Retomó las enseñanzas de Hipócrates —“que tu alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento”— y las conectó con prácticas milenarias y creencias ancestrales.
Para el científico, la salud del suelo, de las plantas, de los animales, de los humanos y del ambiente forman parte de un mismo sistema indivisible: la visión de One Health. De allí surge la convicción de que “el buen alimento es buena medicina, y el buen alimento solo proviene de un suelo sano”.
Con la mirada puesta en el futuro, Lal anunció la publicación de un libro junto a la oncóloga Mariam Hussein titulado "El alimento es tu medicina", donde profundizan en la relación entre dieta, prevención de enfermedades y sostenibilidad ambiental.
Su mensaje se cargó de imágenes poéticas: el pan como forma de divinidad, el alimento como manifestación de Dios, el suelo como corazón de la vida. “El alimento es Dios —dijo—, y proviene de un suelo sano”.
En el cierre, el profesor no olvidó reconocer al liderazgo del IICA y a la figura de Manuel Otero, a quien felicitó por promover la cooperación agrícola en América Latina y el Caribe. También saludó a los productores argentinos por su innovación y resiliencia, instándolos a seguir adelante.
“La agricultura de la Argentina puede ser una solución al cambio climático, a la crisis del agua, a la pérdida de biodiversidad y al hambre. Puede ser una herramienta para la paz y la prosperidad”, afirmó.
La sala aplaudió largamente, consciente de que detrás de la solidez académica de Rattan Lal había un llamado urgente y profundo: cuidar el suelo no es una opción técnica, es un imperativo moral con la humanidad y con las futuras generaciones.

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