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Cuando la ecología es una socia estratégica del negocio

Expertos mostraron que la biodiversidad y la producción pueden potenciarse, siempre que haya un manejo y un marco económico que la

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Lucía Cuffia

Editora

Publicado en Septiembre 2025

"Lejos de ser incompatibles, la biodiversidad y la producción pueden potenciarse mutuamente". Con esta idea, el investigador Lucas Garibaldi, director del Instituto de Investigaciones en Recursos Naturales, Agroecología y Desarrollo Rural (IRNAD), profesor de la Universidad Nacional de Río Negro e investigador del Conicet, abrió su presentación en la charla “Adopción de Sistemas Productivos Sustentables: desafíos y oportunidades a futuro”. Junto al Ing. Agr. Diego Rotili, especialista en manejo de cultivos y director de América Agroinnova, compartieron un panel en el que expusieron los desafíos y oportunidades para la adopción de sistemas productivos sustentables.

“El diseño de los sistemas agropecuarios actuales genera sistemas homogéneos que no se basan en la biodiversidad”; el desafío es plantear un rediseño en el que conservación y producción creen sinergias y se potencien”, afirmó Garibaldi. Para ilustrarlo, compartió algunos ejemplos de empresas agropecuarias con paisajes diversos que no solo conservan la naturaleza, sino que también incrementan la producción y la estabilidad de los cultivos.

A modo de ejemplo, mostró un relevamiento de 500 campos de girasol en los que se observó cómo eran los paisajes alrededor de estos lotes (bordes). Según los datos que compartió, al pasar de 20 a 100 metros de “borde” por hectárea, el rendimiento promedio del girasol aumentó un 24%. “Cuando empezamos a mirar variables que habitualmente no se consideran, los efectos terminan siendo muy grandes”, subrayó.


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Bayer
Banco Nación

Uno de los aspectos a considerar es la polinización, especialmente en girasol. El investigador mostró cómo se relaciona el rendimiento con la cantidad de visitas florales, y remarcó que es clave la diversidad de polinizadores presentes: “Con una comunidad diversa de polinizadores, la curva de rendimiento se desplaza hacia arriba”. En soja también se observó un incremento de rendimiento promedio del 21% gracias a esta interacción.

El especialista también comparó lotes de girasol con manejo convencional de malezas y otros donde se usó menos herbicidas y se permitió la presencia de algunas malezas fuera del período crítico, sobre todo en floración. “En los lotes limpios solo encontramos abeja melífera. En cambio, las malezas con flores atraen más polinizadores que también visitan el girasol. Cuanto más es la riqueza de malezas, mayor es la cosecha. Y hablamos de riqueza, no de abundancia: no es un lote tapado de malezas”, aclaró.

Garibaldi sostuvo que incorporar principios ecológicos al manejo también implica beneficios económicos. “Un sistema diverso permite comprar menos insumos, aumentar los márgenes brutos y reducir el impacto ambiental, además de frenar la generación de resistencias a herbicidas”, señaló.

Los datos de campo confirman esta tendencia. Con registros de 10.000 lotes de maíz y otros 10.000, Garibaldi mostró que en paisajes diversos la proporción de malezas resistentes a herbicidas se reduce hasta tres veces respecto a paisajes homogéneos. “Es un patrón claro y robusto”, afirmó.

El desafío, sostuvo, “es diseñar paisajes multifuncionales que integren producción, conservación y bienestar humano, con estrategias que combinen restauración de hábitat, corredores biológicos y agricultura de precisión para aprovechar zonas de baja productividad sin perder rentabilidad”, cerró.

Por su parte, el Ing. Agr. Diego Rotili, especialista en manejo de cultivos y director de América Agroinnova, abordó el concepto de desarrollo sustentable desde el pilar económico. El especialista mencionó tres formas para lograr que los sistemas productivos sean más sustentables: 1) producir más tierra cultivable; 2) producir más en la tierra ya existente; y 3) producir más en un futuro.


placeholder imageFoto: Diego Rotili
Foto: Diego Rotili
AgroNación

“En Argentina, el agro genera 4,1 millones de puestos de trabajo y cada millón de hectáreas adicionales en producción podría aportar unos 100 mil empleos más”, remarcó. Sin embargo, lamentó que seamos el único país de América con “apoyo negativo” al sector agropecuario.

“Si el precio que recibís es 30% menor al valor real, hay ambientes marginales que no hay manera de que entren en producción”, señaló. Estas zonas sólo podrían ser productivas si existiera un marco económico que incentive, “es la única manera”.

El especialista coincidió en que se debe combinar la visión ecológica presentada por Garibaldi -paisajes diversos, aprovechamiento de zonas de bajo rinde- con decisiones que maximicen la productividad de los mejores ambientes y definir estratégicamente el uso de los menos aptos.

Sobre “estabilizar rendimientos”, Rotili dijo que es “un atentado contra la productividad y el empleo”, retomando un concepto de Víctor Sadras. Buscar rendimientos uniformes, dijo, hace perder las oportunidades de las campañas favorables. “El engaño de los rendimientos estables es todo lo que perdemos de ganar en los años buenos”, advirtió. La clave es capturar el potencial de cada sitio cada año, eliminando restricciones y desincentivos.

Sobre producir más en la tierra ya existente, señaló la importancia de cerrar las brechas de rendimiento, algo que “todos saben cómo hacer”: genética de calidad, manejo, logística eficiente, fertilización balanceada, entre otros. Sin embargo, los costos y la incertidumbre climática frenan la adopción de estas tecnologías. “La única forma de enfrentar el riesgo es con mejores seguros o mejor información climática”, dijo.

Como cierre, dejó una definición que vinculó directamente con la temática del panel: “La sustentabilidad es de las empresas. Desincentivando el crecimiento productivo del sector, es imposible ser sustentable. Las herramientas técnicas están y esperan desbloquear todo su potencial, pero es fundamental un marco normativo y económico acorde”, finalizó.


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