
SD - Socio Destacado
Un "loco por el campo" que asesora desde una moto
Juan Picco es de Rafaela. Se especializa en cultivos de servicio y producción periurbana, y recorre los campos en moto.
Lucía Cuffia
Editora
Publicado en Julio 2026

En su perfil de X (ex Twitter), la foto de portada de Juan Picco es un lote de trigo a punto de cosechar, con una moto parada en el medio. En esas dos ruedas se resume buena parte de cómo trabaja, y es que la moto es el medio de transporte que usa para recorrer los campos que asesora (muchos de ellos tamberos) y la que más rápido lo lleva en la zona de Rafaela, donde vive y trabaja.
Cuando le toca presentarse rápido dice que es “ingeniero agrónomo y asesor privado”, aunque en su bio también se presenta como “deportista amateur” y “loco x el campo”. Además de ser socio Aapresid, Juan es presidente de la Regional Rafaela y un referente en cultivos de servicio, con mucha experiencia en producir en zonas periurbanas.
En su cuenta de X comparte casi todo lo que hace en el campo, fotos de jornadas de la regional, ensayos, resultados. “Reconozco que el campo me gusta mucho, por eso cuando publico algo trato de que se refleje”.
Su vínculo con el agro viene de familia. Su papá es ingeniero agrónomo y por el lado de su mamá son productores. De adolescente trabajaba en el tambo familiar, una actividad que dejaron con los años, pero continuaron con la parte agrícola y de servicios agropecuarios.
Rafaela tiene la particularidad de que los mejores campos (todos suelos clase 1 o 2), están ubicados alrededor de la ciudad y quedan afectados por la ordenanza municipal que restringe las aplicaciones fitosanitarias. En esos lotes, los cultivos de servicio se volvieron casi una necesidad, y Juan sabe mucho del tema.
“De ser una región mayoritariamente tambera hoy el mapa está mucho más sectorizado, con campos puramente agrícolas, otros mixtos con lechería y una ganadería que ganó terreno en los lotes marginales”, describe.
El primer ensayo que no se olvida
Hasta 2024, Juan trabajó como investigador en el área de malezas en el INTA Rafaela, y en paralelo dio clases varios años en la UTN, en la carrera de Administración Rural, en la materia Agronegocios. Fue en el INTA donde “conoció” a los cultivos de servicios. “Una colega que venía del INTA Manfredi tenía varios trabajos hechos, de ahí pesqué la idea y empezamos con algunos ensayos”, cuenta.
El primer ensayo que hizo lo recuerda muy bien. Era una prueba de inoculante en vicia, en una época en que este cultivo recién arrancaba y ni siquiera se sabía bien qué densidad usar. “Tengo la imagen (ver foto “Primer ensayo de inoculación…”), era un cultivo de vicia espectacular, el inoculado, contra un cultivo casi perdido, que no se había inoculado".

El contraste fue tan impactante que lo describe como el ensayo con los resultados más rotundos de toda su carrera como investigador. Desde entonces no dejó de probar, y hoy esos ensayos se suman a la Red de Cultivos de Servicio de Aapresid. “Lo que fuimos aprendiendo es que no todos los años se pueden hacer los mismos CS, y es clave siempre identificar el objetivo/servicio que se busca en cada caso”.
Su mirada sobre los CS está atravesada por la problemática de malezas que siempre trabajó. “Me cuesta separarlos, para mí son una herramienta más dentro de las opciones de manejo”.
Ante la consulta de si tiene alguno favorito, contó que se terminó “enamorando” de la vicia y del centeno. “Fueron dos cultivos que me sorprendieron. La vicia no la había visto ni en la facultad; y el centeno me cautivó por su rusticidad y también por su fuerte competencia contra el maicillo (sorgo de Alepo)”.
Entre sus favoritos también está la alfalfa, popularmente conocida como “la reina de las forrajeras”, sobre la que comparte una anécdota: En 2016 una inundación se llevó puestas todas las alfalfas de la zona, y cuando la napa empezó a bajar, Juan volvió a implantarla en uno de los lotes de la experimental. “Explotó”, recuerda. Fue ahí cuando entendió por qué se la llama “reina”.
Producir en una cancha que ya está marcada
La producción en zonas periurbanas es un tema que exige poner en juego el ingenio. “El punto principal es que acá se produce con decisiones que no son técnicas sino normativas; es decir, hay muchas decisiones que se toman en base a la cancha que uno tiene para jugar”.
A la prohibición de aplicar fitosanitarios se suma el problema del robo. Por la cercanía con la ciudad, hacer ganadería es casi inviable, y el maíz tampoco se salva. Las pérdidas no son solo por el choclo que entran a sacar a mano, sino por el daño que dejan quienes entran directamente con el auto al lote. Frente a estas limitaciones, la decisión más habitual entre los productores de la zona termina siendo alfalfa para rollo, un negocio que a veces cierra y a veces no, según el mercado.
La regional está probando dar vuelta la ecuación, metiendo un CS en la campaña gruesa para que el cultivo de renta termine siendo el trigo del invierno siguiente.
“Cuando los cultivos de renta en general son de primavera-verano, nosotros entraríamos con un CS pensando en dejarle los servicios que va a necesitar el trigo después”, explica.
El desafío no es menor porque, “al ser un único cultivo de renta del año, hay que encontrar una variedad que tenga rusticidad frente a enfermedades (ya que no se pueden aplicar fitosanitarios) y que tenga un rápido desarrollo para poder competir con la maleza”, agrega.


La primera yamahita y el aerosol que no puede faltar
Su pasión por las motos se dio casi de casualidad. Recién se había recibido y el trabajo en el que estaba le exigía mayor movilidad. “Ahí nomás me compré mi primera moto, una ‘yamahita’ 125 cross, lo que me alcanzaba con el presupuesto en ese momento”. Con el tiempo se pudo comprar una más grande, una 250, que hoy le permite moverse un poco más cómodo.
¿Qué lleva en la mochila o baulera un ingeniero agrónomo que recorre los campos en moto? “Lo más importante, el aerosol para la pinchadura; el resto se puede acomodar”, cuenta entre risas. Esta costumbre la agarró de los tiempos en que no era tan común el celular y quedarse varado en el campo por pinchar una goma era moneda corriente.
El resto del equipo varía según la época del año: “Bidón de agua, protector solar, gorro, y algún metro o la cucharita para revisar la siembra”.
En esa moto también suele dar alguna que otra vuelta a la manzana con sus hijas, Coral y Esmeralda, mellizas de cuatro años. Las travesías más largas, como las que solía hacer con Evelin, su mujer, hasta las sierras de Córdoba, seguramente se retomen más adelante, cuando sus hijas crezcan un poco más.


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