Editorial
El régimen de lluvias nos reencontró un olvidado: el maíz temprano

Editorial
El régimen de lluvias nos reencontró un olvidado: el maíz temprano
Para entender que sucedió esta campaña, en el norte de Córdoba, es necesario analizar el régimen de lluvias atípicas.
Justiniano Achaval
Socio Aapresid - Regional Monte Cristo
Publicado en Febrero 2026
Para entender qué sucedió esta campaña en muchos lotes de la Regional Monte Cristo, en el norte de Córdoba, particularmente en el Departamento Río Primero, es necesario comenzar describiendo un régimen de lluvias atípicas. Se inició con precipitaciones en julio, continuó con un agosto aún más lluvioso y luego un septiembre desparejo para la zona, aunque beneficioso para numerosos lotes.

Hacia fines de agosto y comienzos de septiembre, muchos empresarios agrícolas comenzaron a preguntarse si no era momento de volver a un viejo conocido, casi olvidado, maíz temprano de septiembre. El uso de simuladores de fenológicos, herramientas digitales e inteligencia artificial permitió estimar estadios, fechas probables de floración, y contrastar ventajas y desventajas de las distintas fechas de siembra para la región.
Revisar los registros pluviométricos y realizar análisis de agua útil (A.U.), práctica conocida aunque no siempre aplicada, fue determinante. Muchos tomaron la decisión de sembrar en base a un umbral mínimo de A.U. en el perfil del suelo (alrededor de 180 mm), con el objetivo de diversificar fechas de siembra y reducir la superficie destinada a maíces tardíos de diciembre.
Las siembras tempranas implicaron revisar densidades, tiempos de emergencias y un ritmo de despliegue foliar al que ya no estábamos acostumbrados. En muchos casos, se había perdido el timing fino que exige este tipo de planteos.
También fue necesario repasar estrategias de fertilización, tanto con arrancadores como con refertilizaciones posteriores, dado que la dinámica de mineralización difiere significativamente respecto de los maíces tardíos. Se revisaron manejos de malezas y preemergentes, y reaparecieron plagas que no estaban presentes en la memoria reciente: gusanos de suelo, cortadoras o Diceraeus furcatus (conocida como: Dichelops furcatus). En éste sentido, las siembras tempranas también ofrecieron una ventaja sanitaria: alejarse del riesgo de Dalbulus maidis, que actualmente amenaza a los maíces sembrados en diciembre.
Octubre se presentó con lluvias muy dispares y fuertes vientos del norte, lo que llevó a muchos a cuestionarse si la decisión de sembrar temprano había sido la correcta. Noviembre sumó altas temperaturas y precipitaciones que se hicieron esperar. En ese contexto, los maíces tempranos sufrieron derivas de barbechos provenientes de lotes vecinos.
El maíz llegó a floración con una altura considerablemente menor a lo habitual en maíces tardíos, lo que generó inquietud en más de un productor. Sin embargo, las condiciones comenzaron a mejorar durante el cuajado y el llenado de granos, y hoy se espera una buena cosecha en varios de los lotes que se animaron a probar y reencontrarse con un olvidado maíz temprano.
Actualmente, muchos de estos lotes se encuentran en estado R4-R5, con fechas de cosecha estimada hacia fines de febrero o comienzos de marzo, lo que aporta ventajas operativas y logísticas.
Hoy, la pregunta que empieza a aparecer es qué hacer una vez desocupados los lotes tempranos si el régimen de lluvias continúa acompañando. Pero esa es otra historia… y todavía falta para escribirla.
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