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Pensar a la ganadería desde el sistema

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Pensar a la ganadería desde el sistema

Integrar ganadería y agricultura desde una mirada sistémica, generando información y herramientas para mejorar los resultados.

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Clara Aranguren

Chacra Sistemas Integrados - Aapresid

Publicado en Enero 2026

El por qué del trabajo

La Chacra de Sistemas Integrados de Producción Agrícola-Ganaderos (Chacra SIpag) tiene como objetivo desarrollar sistemas productivos más competitivos a partir de las sinergias emergentes de la integración entre la agricultura y la ganadería. El debate comienza con una pregunta central: ¿Por qué complejizar sistemas simples integrando la agricultura con la ganadería?

A partir de los 90 en la región pampeana se generó un “desacople y una especialización de ambas actividades, inclusive con administraciones independientes” (Viglizzo et al., 2009). Sin embargo, los sistemas integrados están resurgiendo no solo en Argentina sino en el mundo, en busca de solucionar los problemas propios de la agricultura continua. En sistemas integrados en el Corn Belt, SULC y Tracy observaron que integrar la ganadería y la agricultura mejora la eficiencia y sustentabilidad productiva, logrando sistemas rentables y competitivos a nivel mundial. Por otro lado, Lemaire describe que la integración agrícola-ganadera puede reducir pérdidas de nitrógeno del sistema, principalmente debido a mayor captura biológica y reutilización interna, transformando pérdidas (lixiviación/volatilización) en producción forrajera y animal. Franzluebbers, por otra parte, encontró aumentos del carbonó orgánico del suelo en planteos integrados vs planteos agrícolas. En Brasil, Carvahlo realizó numerosos ensayos en donde observó que el pastoreo moderado de cultivos de servicios no genera efectos negativos en el cultivo sucesor en comparación con el testigo sin pastorear. Por último, Galli y colaboradores, en Argentina, observaron que el pastoreo de raigrás anual podría aumentar la producción de materia seca del cultivo de servicio sin afectar la producción de la soja sucesora, lo que permite aumentar y diversificar la productividad de los sistemas agrícolas puros.

¿Por qué complejizar sistemas simples integrando la agricultura con la ganadería?

La respuesta desde el trabajo en equipo

En este marco, la Chacra de Sipeg busca llevar estas discusiones a situaciones concretas de producción. El trabajo se desarrolla junto a 14 productores de Buenos Aires, La Pampa y Córdoba, en conjunto con una mesa de expertos de diversas instituciones (INTA, UNICEN, UNR y asesores privados) permitiendo abordar la integración agrícola-ganadera desde una amplia variedad de contextos productivos. Esta diversidad de experiencias aporta una mirada realista sobre cómo se combinan la agricultura y la ganadería en el día a día de las empresas, facilita la identificación de oportunidades de mejora y acompaña procesos de ajuste y planificación orientados a fortalecer los resultados productivos.

La chacra hoy se encuentra trabajando con tres líneas que permiten plantear la integración agrícola-ganadera desde una mirada sistémica, combinando el relevamiento y diagnóstico de los sistemas, la evaluación de rotaciones y la planificación forrajera.

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¿Cómo se lleva adelante el proceso de investigación?

La línea de relevamiento y diagnóstico constituye el punto de partida del trabajo en cada sistema. A través de un análisis de gestión de las empresas, se releva el nivel de integración de los sistemas y se construyen distintos índices productivos —agrícolas y ganaderos—, junto con indicadores económicos y ambientales, que permiten caracterizar cada planteo, comparar situaciones y detectar nichos de mejora sobre los cuales avanzar. El relevamiento finaliza con jornadas a campo donde los miembros de la chacra se reúnen para intercambiar sobre lo realizado.

Con respecto a la evaluación de rotaciones, el pastoreo de cultivos de servicio se trata en articulación con la Red de Pastoreo de Cultivos de Servicio de Aapresid, dentro de la cual la chacra participa con cuatro sitios de evaluación. En este marco, el objetivo es generar criterios de manejo de los cultivos de servicio que permitan alcanzar altas productividades tanto de carne como del cultivo agrícola sucesor, manteniendo al mismo tiempo las coberturas necesarias para asegurar los servicios ecosistémicos propios de estos cultivos. En función de los resultados obtenidos en la Red y de lo reportado por otros investigadores, el criterio de pastoreo aplicado en los ensayos es el moderado, dado que es donde se han registrado los mejores resultados productivos, con el mayor impacto agroecosistémico.

Por otro lado, en la línea de rotaciones agrícola-ganaderas, también se está analizando el efecto de distintas rotaciones (agrícolas vs integradas) sobre la salud y la productividad de los suelos. El trabajo se desarrolla en los distintos ambientes que integran la Chacra SIP, poniendo especial atención en el carbono orgánico del suelo y en parámetros de evaluación visual, siguiendo la metodología propuesta por Elke Noellemeyer y colaboradores. El objetivo es comprender cómo la secuencia y la intensidad de la integración influyen en el funcionamiento del suelo, haciendo foco en el stock de carbono y en el desempeño productivo de los sistemas.

Por último, la línea de planificación de los sistemas tiene como objetivo mejorar el acople entre la ganadería y el ciclo agrícola. Para ello, se trabaja en la planificación del balance forrajero como herramienta clave para ordenar la carga animal, anticipar decisiones y lograr una integración más eficiente y competitiva en el tiempo.

A partir del relevamiento y diagnóstico de los sistemas, y del intercambio generado en las jornadas a campo, comienzan a emerger cambios concretos en la forma de pensar y manejar los planteos productivos.


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Experiencias reales: a tomar nota

Este es el caso de “Las 2N”, sistema ubicado en Azul, Buenos Aires. La elaboración del relevamiento y diagnóstico del sistema, junto con la jornada a campo y la experiencia de realizar el ensayo de pastoreo de cultivos de servicio en el mismo sistema, actuaron como disparadores de cambios concretos en el manejo. A partir del intercambio entre productores y técnicos se redefinió la forma de pastorear la avena, priorizando un pastoreo moderado con mayor remanente (15–20 cm) y la suplementación con silaje de maíz. Estos ajustes permitieron mejorar el desempeño del sistema, reflejándose en un aumento de las ganancias de peso individuales, que pasaron de valores cercanos a 400 g/día en campañas previas a alrededor de 700 g/día en la campaña siguiente, manteniendo un remanente promedio de 12 cm. Más allá de los resultados productivos, el proceso fortaleció los vínculos entre productores, técnicos y facultades, consolidando el valor del diagnóstico y las jornadas a campo como herramientas para impulsar mejoras reales en los sistemas productivos.

Por otro lado, el relevamiento y diagnóstico en “Cerro Naposta Grande”, ubicado en Tornquist, Buenos Aires, permitió revisar aspectos estructurales del planteo ganadero y abrir discusiones concretas sobre su reorganización. A partir de los aportes de los miembros, se planteó acortar las recrías para evitar que los novillos atraviesen más de un invierno en el campo. Asimismo, se propuso evaluar nuevas rotaciones con el objetivo de prevenir procesos de degradación. Como resultado, el sistema comenzó a planificar recrías más cortas, incorporando para esto silos de autoconsumo. Además, avanzó en un replanteo de la rotación, considerando la posible inclusión de leguminosas como parte de una estrategia de mejora integral del sistema.

La experiencia de la Chacra de Sistemas Integrados de Producción Agrícola-Ganaderos muestra que la integración entre agricultura y ganadería no es una receta única, sino un proceso de construcción que se apoya en el diagnóstico, la evaluación y el aprendizaje colectivo. El trabajo junto a productores de Buenos Aires, La Pampa y Córdoba evidencia que, cuando se analizan los sistemas de manera integral y se generan espacios de intercambio, surgen oportunidades concretas para ajustar manejos, mejorar la planificación y fortalecer los resultados productivos, económicos y ambientales. En este marco, la chacra se consolida como un ámbito para generar información aplicada y criterios de manejo, poniendo en valor la diversidad de sistemas y demostrando que pensar la ganadería desde el sistema permite avanzar hacia planteos más eficientes, resilientes y competitivos en el tiempo.


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