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¿Puede la modernización Agtech ayudar a los desafíos del agro?

Innovación y Agtech
¿Puede la modernización Agtech ayudar a los desafíos del agro?
La clave es determinar si la modernización puede equilibrar la ecuación y transformar la incertidumbre en oportunidad.
Hernán Satorre
Asesor y Consultor especializado en el Agro
Publicado en Enero 2026
El agro argentino enfrenta una encrucijada estratégica. Por un lado, la actividad muestra señales promisorias: nuevas tecnologías, mayor integración de datos, irrupción de automatizaciones y un creciente interés global por abastecimiento seguro de alimentos. Por otro, persisten problemas estructurales que condicionan su capacidad de crecimiento: volatilidad macroeconómica (aunque hoy en día estamos con cierta estabilidad), aumento de costos, infraestructura insuficiente, presión impositiva y un modelo de negocios que, en muchos casos, se ha vuelto financieramente vulnerable.
En los próximos años, la clave estará en determinar si la modernización, entendida como adopción tecnológica, profesionalización de procesos y rediseño de modelos productivos y de negocio, puede equilibrar la ecuación y transformar incertidumbre en oportunidad.
La producción se expande, pero la rentabilidad permanece en jaque
Las proyecciones para las próximas campañas muestran un panorama relativamente alentador en cultivos de invierno y en la recuperación de áreas destinadas a granos gruesos. Las giras de cultivos auguran rindes superiores a la campaña anterior y una disponibilidad hídrica más balanceada.
Sin embargo, el incremento de los costos operativos continúa erosionando márgenes. El encarecimiento del petróleo y, por extensión, del transporte y los insumos derivados, se combina con un contexto en el cual los productores continúan comprando buena parte de sus insumos a precios internacionales, mientras venden su producción a un tipo de cambio inferior. La gran mayoría de los costos pesificados, cuando se los expresa en dólares, muestran incrementos significativos (sueldos, fletes, labores, gastos de administración, servicios, etc.).
El resultado es una actividad que produce más pero no necesariamente gana más, y que convive con una volatilidad creciente en precios, clima y costos.
Empresas agropecuarias: modelos en tensión y fragilidades expuestas
En paralelo, comienzan a conocerse casos de empresas agroindustriales que atraviesan crisis financieras severas. Muchas de ellas crecieron con un modelo diseñado para un contexto que ya no existe: alto crédito disponible. Hoy, el exceso de apalancamiento, la falta de inversión en reconversión tecnológica y la aceleración del ciclo económico han dejado al descubierto estructuras rígidas y financieras vulnerables.
La lección es clara: el agro no es inmune a las transformaciones del mercado. Y las empresas que no logren revisar su estrategia y modelos de negocio (desde procesos hasta financiamiento) quedarán expuestas.
La modernización no es un lujo: es un salvavidas competitivo
Los principales eventos de innovación del sector, como ConnectAgro, Agritechnica, el Congreso Aapresid y CREA, ya marcaron la tendencia: el futuro del agro dependerá de su capacidad para convertirse en una red inteligente, con decisiones apoyadas en datos, automatizaciones, inteligencia artificial y procesos más eficientes. Las tecnologías que se están imponiendo no son futuristas, muchas de ellas se vienen implementando hace años:
-Robótica aplicada a la producción animal (sistemas de ordeñe automatizado, alimentación inteligente, sensores de comportamiento).
-Software de gestión integral con trazabilidad y modelización de escenarios (márgenes, financiamiento, riesgo climático).
-Sistemas de pulverización selectiva, agricultura de precisión y sensores remotos.
Las nuevas formas de organización productiva, como módulos compartidos al estilo coworking agrícola, permiten diluir inversiones y acceder a tecnología de punta sin comprometer la estructura financiera. La modernización deja de ser una inversión complementaria y se transforma en una herramienta para sobrevivir en un entorno de costos crecientes y márgenes comprimidos.
La oportunidad: un agro más profesional, cooperativo y tecnológico
La volatilidad climática se ha convertido en un factor estructural. Heladas fuera de calendario, lluvias irregulares (secas e inundaciones) y estacionalidad alterada obligan a las empresas a incorporar la variable climática en su análisis económico de una manera más estructural en contextos de márgenes ajustados.
Hoy, el riesgo agronómico es riesgo financiero. Y el productor que no lo mide (con escenarios, simulación de resultados, stress test y planificación de flujos) queda más expuesto que nunca.
En este punto, la adopción de modelos de simulación y decisiones basadas en datos no es una sofisticación intelectual: es la única manera de anticipar necesidades de capital, determinar niveles óptimos de deuda y evitar caer en ciclos que asfixian las necesidades operativas de fondos y la rentabilidad.
El riesgo agronómico ya es riesgo financiero
A pesar de los desafíos, el agro argentino posee ventajas únicas: diversidad productiva, capacidad emprendedora, liderazgo mundial en extensiones y manejo agronómico, y un ecosistema de innovación en expansión.
La oportunidad para los próximos años radica en integrar cuatro ejes:
- Profesionalizar la gestión: tableros de control, presupuestos financieros, económicos y productivos dinámicos, análisis patrimonial, gobierno corporativo y planeamiento estratégico.
- Adoptar tecnología con sentido económico, no como moda: automatizaciones que bajan costos, analítica que mejora decisiones, software que ordena la empresa y libera tiempo de gestión.
- Revisar el modelo de negocios: escalas, integración vertical, alianzas, proyectos compartidos y modelos híbridos que permitan acceder a tecnología sin descapitalizarse.
- Formar nuevas generaciones: la sucesión no se basa sólo en heredar la tierra, sino en preparar líderes capaces de dirigir empresas cada vez más complejas y expuestas a riesgos financieros e innovación cada vez más acelerada.
¿Puede la modernización revertir la crisis estructural del sector?
La respuesta no es sencilla, pero sí es clara: la modernización es necesaria, pero no suficiente. Puede mejorar la competitividad, reducir costos, profesionalizar la toma de decisiones y evitar crisis financieras. Puede incluso aumentar significativamente la resiliencia de las empresas frente a shocks climáticos y económicos.
Sin embargo, su verdadero impacto dependerá de un segundo componente: la revisión profunda de los modelos empresariales del agro.
Las empresas que logren integrar planificación, tecnología, gobierno corporativo y gestión del riesgo estarán mejor posicionadas para capitalizar las oportunidades que surgirán en los próximos años.
El agro argentino ya demostró que puede ser pionero en innovación productiva. El desafío ahora es ser pionero también en innovación organizacional.
Que estoy queriendo decir: los próximos años exigirán un agro más flexible, digital, colaborativo y financieramente inteligente. En un contexto de volatilidad, costos crecientes y márgenes ajustados, la modernización deja de ser una opción y se convierte en el puente que puede transformar incertidumbre en oportunidad.
La pregunta de fondo no es si el agro puede modernizarse.
La pregunta es qué empresas lo harán a tiempo y cuáles quedarán atrapadas en modelos que ya no responden a este nuevo contexto.
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