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Drones aplicadores: la tecnología que viene a sumar

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Drones aplicadores: la tecnología que viene a sumar

Especialistas de Uruguay y Brasil analizaron el panorama regional de esta tecnología con sus avances, limites y desafíos.

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Lucía Cuffia

Editora

Publicado en Diciembre 2025

En Argentina la pulverización con drones está presente desde hace algunos años aunque no hay datos oficiales que permitan dimensionarla. En el sector se habla de que hay unos 5000 drones aplicadores operando, pero la cifra no está verificada. En este escenario, una de las charlas del último congreso Aapresid buscó aportar contexto regional y poner sobre la mesa experiencias y datos concretos.

Augusto Scaglia, director de la empresa uruguaya Dragur, y Fernando Kassis Carvalho, investigador y representante de la empresa brasileña AgroEfetiva, compartieron un panel bajo la moderación del Ing. Agr. Martín Rainaudo. Mientras Brasil avanza con una regulación clara y un importante volumen de drones en operación (casi 30.000), Uruguay transita un proceso más lento pero a paso firme. Conocer ambos casos ayuda a entender las ventajas reales de la tecnología y los límites que aún limitan su adopción.

Tecnología que crece dentro de un pequeño país: el caso de Uruguay

La adopción de drones aplicadores en Uruguay avanza a un ritmo más moderado que en otros países de la región. Scaglia lo describió así: “En nuestro país la adopción de drones es lenta a moderada por parte de productores y contratistas. Los productores uruguayos son un poco más conservadores en la incorporación de nuevas tecnologías y por eso se incorporan de a poco”. Las condiciones locales -clima húmedo, estaciones muy marcadas, precipitaciones de gran intensidad y variabilidad (1000 a 1400 mm anuales) y un relieve suave- generan escenarios donde el dron aparece como una herramienta útil, pero todavía acotada a ciertas producciones y momentos.

“Nuestra empresa tiene gran participación en agricultura, sobre todo en el cultivo de arroz; mientras que en ganadería estamos empezando a incursionar por medio de aplicaciones de pasturas y fertilización”, señaló. En forestación, donde la accesibilidad es limitada para maquinaria terrestre, el avance fue más rápido: “Hoy tenemos un 100% de penetración; sobre todo en aplicación de cebos para insectos, tanto líquidos como sólidos, pre y poscosecha”.

En materia de regulaciones, el titular de Dragur explicó que la actividad está regulada por la Dirección Nacional de Aviación Civil e Infraestructura Aeronáutica (DINACIA, que sería como la ANAC en Argentina) y por el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. Scaglia contó que “las normativas son bastante sencillas y avanzadas: se necesita un permiso de operador DOAD hasta 25 kg, más la licencia para operar dron agrícola (licencias A y B), y también documentos que requieren certificación a través de cursos y exámenes”. Este último punto también se presenta como una de las principales limitantes o cuellos de botella: la poca disponibilidad de pilotos formados. “El productor le tiene miedo a quién maneja el dron, no a la tecnología”, aseguró.

El disertante también destacó que el crecimiento del uso de drones está ligado a una oferta de equipos más robustos y accesibles. “Vemos equipos con mayor capacidad que vienen ganando terreno, y son más accesibles si se los compara con el precio de otras herramientas”. Sin embargo, insistió que el dron no viene a reemplazar a las plataformas existentes, sino a complementarlas:

“Creemos firmemente que es un complemento a la tecnología actual, que vino a sumar, no a competir”.

Brasil: un marco regulatorio claro que favorece la expansión de la tecnología

“En poco tiempo vamos a tener casi 30.000 drones aplicadores operando en Brasil (hoy tienen más de 21.000, según un relevamiento de 2024, Figura 1). Esto es posible porque contamos con una reglamentación clara”


placeholder imageFigura 1. Relevamiento de drones de pulverización en Brasil (2020-2024).
Figura 1. Relevamiento de drones de pulverización en Brasil (2020-2024).

La Agencia Nacional de Aviación Civil (ANAC) y el Ministerio de Agricultura brasileño (MAPA) definieron parámetros precisos para la operación de estos equipos. Para ser piloto de dron se exige una capacitación de tres días para el piloto y asistente; pero lo más destacado es que se estableció una equivalencia entre aplicaciones con aeronaves tripuladas y drones, lo que significa que “todos los productos que pueden tener aplicación con avión pueden ser utilizados con drones. Eso le da un amparo legal a las operaciones, para que las personas puedan trabajar con más tranquilidad y de acuerdo con la legislación”, destacó Carvalho.

El panelista compartió una imagen de un dron de 300 litros de capacidad, que se los puede ver trabajando en haciendas grandes al norte del país. “Son como aviones”, señaló, y explicó cómo se integran a los sistemas existentes. “En áreas muy grandes, los drones trabajan por la noche y los aviones durante el día. Son un complemento, no un reemplazo”. También mencionó casos puntuales de sustitución, como en el cultivo de caña de azúcar, donde antes se pulverizaba con avión y ahora solo con dron, refiriéndose específicamente a Guatemala.

placeholder imageDron Pelican 2, con 300 litros de capacidad.
Dron Pelican 2, con 300 litros de capacidad.

Su presentación hizo foco en la calidad de aplicación, un punto que el especialista brasileño considera crítico para evitar falsas percepciones sobre el desempeño de la tecnología. “Necesitamos investigaciones que tomen en cuenta ciertos parámetros y que nos den un resultado real, no una falsa impresión”, señaló.

Para lograr una investigación de calidad, aseguró, se necesita: evaluar la uniformidad de la aplicación; asegurar el espectro real de las gotas; validar el volúmen aplicado; y utilizar parámetros de vuelo y evaluación correctos.

“Tanto para un dron o avión, el patrón de deposición implica mayor deposición al centro y menos al final, por eso tenemos que hacer por lo menos tres pasadas para lograr uniformidad”, remarcó. Para definir un buen ancho de franja, remarcó la importancia de la uniformidad de deposición y del coeficiente de variación: “Nosotros consideramos el coeficiente de aplicación de hasta 20%, pero menos de 15% es mejor”.

Una vez asegurada la uniformidad de aplicación, hay que asegurar el tamaño real de la gota y el volúmen correcto. Al respecto, Carvalho advirtió sobre la distancia entre los valores que muestra el dron y los que realmente se obtienen en campo: : “Muchas veces la información que tenemos en el control del dron no es la misma que tenemos en la realidad”. Para evitar ese desfasaje, sugirió hacer una evaluación simple con tarjetas para tamaño de gotas, o utilizar túneles de viento con medición láser para determinar el espectro real. Aunque insistió en que la investigación con drones debería hacerse en áreas más grandes, y no en lotes pequeños.

Al final, compartió una investigación que hicieron en soja, para el control de Spodoptera frugiperda, para un insecticida de contacto, comparando pulverizadora terrestre y dron. Entre los resultados que obtuvieron, la deposición del dron fue igual o mejor que la terrestre en varios casos, especialmente a volúmenes de 20 l/ha.


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