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Inundaciones en Buenos Aires: suelos saturados, caminos intransitables

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Inundaciones en Buenos Aires: suelos saturados, caminos intransitables

Productores de Aapresid contaron el panorama donde las decisiones se redefinen día a día, con impactos en toda la producción.

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Lucía Cuffia

Editora

Publicado en Noviembre 2025

El exceso hídrico sostenido instaló una situación crítica en el centro-oeste bonaerense que no solo compromete la cosecha fina y retrasa la siembra de los cultivos de verano, sino que también afecta la actividad ganadera, la movilidad rural, la dinámica educativa y la vida cotidiana de las familias que viven y trabajan en la zona.

Un relevamiento de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap) estimaba en septiembre más de 3 millones de hectáreas afectadas por anegamientos o sin posibilidad de trabajo por falta de piso. Sin embargo, las lluvias registradas entre septiembre y noviembre agravaron el escenario, y elevaron esa cifra a más de 5 millones de hectáreas, según indicó esta semana el secretario de Carbap, Pablo Ginestet, en declaraciones a los medios.

Además de las complicaciones productivas, diversas entidades rurales locales advirtieron en declaraciones públicas que la combinación de exceso hídrico + caminos rurales intransitables está afectando la movilidad de hacienda, el acceso a tambos y la logística diaria, sumándose costos y tiempos que presionan la ecuación económica. En este contexto, las decisiones productivas se redefinen en tiempo real.

En este contexto, hablamos con Alfredo Alzueta y Pablo Dick, productores y presidentes de las Regionales Aapresid Bolívar y Pehuajó, respectivamente, para dimensionar cómo se viven estas situaciones en el territorio, qué decisiones se están tomando y cómo se está sosteniendo la actividad en medio de la emergencia.

Bolívar: un partido atravesado por las lluvias y el agua de paso que viene de arriba

En Bolívar, la situación combina dos factores que se superponen: las lluvias locales y el ingreso de agua proveniente de otras cuencas. El partido abarca unas 500.000 hectáreas, de las cuales aproximadamente la mitad se destina a agricultura y la otra mitad a ganadería.

Pero no todas enfrentan el mismo tipo de problema. “Las 250 mil hectáreas ganaderas están surcadas por los arroyos Vallimanca y Las Flores. Y la parte agrícola, que va de Bolívar hacia el noroeste, son cuencas endorreicas. Además está el Canal Estrella, que trae agua de varios partidos de arriba”, explica Alfredo Alzueta, presidente de la Regional Aapresid Bolívar, licenciado en administración agraria y productor de toda la vida.

“Entonces Bolívar no solamente está afectada por lo que llueve acá: somos un partido de paso de agua. No nos preocupa solo cuántos milímetros caen, sino todo lo que baja de arriba”, remarca.

Alzueta explica que la situación actual no es un hecho aislado. “Hace cuatro años que venimos padeciendo todos los eventos climáticos que se puedan conocer. En el mismo año tuvimos grandes sequías, grandes inundaciones, tornados y granizadas. Esto se viene repitiendo”, señala. “Hace cuatro años que la agricultura genera resultado negativo. Esto repercute en los contratistas, transporte, acopios y en todos los prestadores de servicios. Pero además, Bolívar, Pehuajó, 25 de Mayo, Lincoln, son zonas que dependen en un 80/90% de la actividad rural. Hoy la economía de estas comunidades está muy debilitada y muy preocupada”, agrega.


placeholder imageCaminos rurales intransitables.
Caminos rurales intransitables.

La campaña gruesa, entre el agua y los caminos

A nivel climático, el acumulado anual supera los 1300 mm, por encima del promedio histórico cercano a 1000 mm. Pero el problema no es el total, sino la distribución y continuidad de eventos: hasta marzo la zona venía de una campaña afectada por sequía, y desde ese mes en adelante las lluvias se volvieron recurrentes durante todo el invierno y la primavera, generando una saturación sostenida del perfil.

Esto se traduce en limitaciones directas para avanzar con la siembra de la campaña gruesa. “Hoy se sembró solo el 10% del maíz que normalmente se hace. El otro 90% no se pudo sembrar no solo por el agua, sino porque no se puede llegar a los campos. La red vial está colapsada.”

La infraestructura de caminos rurales, sin mantenimiento acorde al crecimiento productivo de los últimos años, aparece como un condicionante central. No se trata solo de retirar la producción: también afecta la movilidad de personal, insumos, servicio técnico, escuelas rurales y tambos.

“Los conceptos técnicos que nosotros tenemos muy claros -cuándo sembrar, qué variedad, qué protocolo- los estamos desestimando totalmente. Estamos sembrando cuando podemos y lo que podemos, lo que nos lleva a un resultado nefasto”, advirtió el productor bolivarense.

Además, la ganadería -que en la región se desarrolla principalmente en ambientes de mayor riesgo hídrico- enfrenta complicaciones para la implantación de pasturas, verdeos y reservas para el invierno. La falta de piso y el retraso en la planificación forrajera generan estreses productivos que se trasladan a la próxima campaña.


placeholder imageHacienda buscando zonas firmes
Hacienda buscando zonas firmes

No es solo producción: “Sin comunidad rural, el campo no funciona”

Alzueta subraya que el impacto no es únicamente productivo: “Habíamos logrado el éxodo de la ciudad al campo. No total, pero desde hace un año se estaba revirtiendo. Las escuelas rurales tenían más chicos. Y ahora hay familias que no pueden llegar a la escuela, ni al médico, ni a trabajar”.

El tornado ocurrido el 4 de noviembre tumbó varios postes de electricidad e hizo estragos en varias zonas. “La cooperativa tiene que levantar los postes y mínimo serán 10 días que una gran zona se queda sin electricidad. Si no hay caminos, si no hay luz, la gente se termina yendo. Y sin comunidad rural, el campo no funciona”, enfatiza el presidente de la Regional Bolívar.

Pehuajó y 9 de Julio: dos realidades dentro del mismo mapa productivo

En la región de Pehuajó y hacia 9 de Julio, la situación se expresa de manera heterogénea. Pablo Dick, presidente de la Regional Aapresid Pehuajó, lo sintetiza así: “Acá hay dos realidades: gente que todavía puede sembrar y seguir, y otra parte que entró en colapso. Ya no se puede llegar bien al campo. Tenés que entrar con el tractor, dar toda la vuelta o pasar por el vecino. Ya no pueden sembrar y se atrasan los cultivos”.

Según su lectura, la situación se agravó a partir de agosto, cuando las lluvias superaron la capacidad de evapotranspiración de los suelos de forma sostenida, y septiembre fue determinante: “Los cuatro fines de semana de septiembre fueron terroríficos. Hubo lluvia en todos. Y cuando todos los meses te llueve más de lo que necesitás, el perfil se satura. Nunca hay déficit. El agua se acumula y no baja”.


El área productiva afectada no tiene una cifra consolidada, pero Dick estima que “más del 50% está en situación de colapso. Y hay un 15/20% más que está al límite”.

Sobre la campaña fina dice: “En general se sembró bien; los campos más afectados estaban más sobre Casares, pero ahora se empezó a comprometer más el partido. Por ahí levantás la cosecha, pero no tenés piso para sacar los camiones. Y dentro del campo tenés más problemas y toca aplicar más, aumentando los costos”.

Por su parte, la campaña gruesa se está redefiniendo sobre la marcha: “En mi caso, soy un privilegiado porque pude sembrar algo de maíz, pero reduje un 35% la superficie sembrada. El que tiene maquinaria propia por ahí avanza, pero el que depende del contratista, el contratista no se va a meter a romper una sembradora en un camino que es una laguna”.


placeholder imageTractor encajado en un lote saturado.
Tractor encajado en un lote saturado.

La ventana de siembra se achica y la toma de decisiones se vuelve táctica, no estratégica: “Ya estamos en noviembre. Si no sembraste nada, quedás muy expuesto. Y encima no sabés qué carajo sembrar. El día que podés entrar, entrás. Y ves qué sembrás ahí. Eso es lo que hay”, asegura el presidente de la Regional Pehuajó.

El impacto es también ganadero. La falta de pasto y reservas obliga a suplementar, mover hacienda, reorganizar rodeos y asumir costos crecientes: “La hacienda la tenés que suplementar porque está todo inundado y no tiene qué comer. La vas moviendo de un lado a otro. Yo la voy peleando, pero hay gente que tiene el 100% bajo agua”.

“Hoy es el día a día”

Las ventanas de siembra se achican, los ambientes disponibles cambian semana a semana y la planificación técnica queda supeditada a la posibilidad de acceder al lote.

La siembra tardía aparece como alternativa técnica posible, pero no como decisión libre, sino forzada por el contexto. “Estamos tomando decisiones que no son las que enseñamos, ni las que planificamos. Son las que se pueden tomar”, resume Alzueta. “Hoy es más día a día que otra cosa”, coincide Dick.


*Los datos presentados corresponden a entrevistas realizadas el 5 de noviembre y a información disponible al 7 de noviembre. Las condiciones y los valores pueden haber variado al momento de la publicación.

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