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Una campaña que vuelve a poner en valor la precisión.

Editorial

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Una campaña que vuelve a poner en valor la precisión.

En el sur de Santa Fe los cereales de invierno vuelven a ocupar un lugar central en la planificación de la campaña.

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Gustavo Martin

Socio Regional Venado Tuerto

Published on April 2026

En el sur de Santa Fe, los cereales de invierno, y en particular el trigo, vuelven a ocupar un lugar central en la planificación de la campaña. No solo por su aporte al resultado económico de la empresa, sino también por el rol que cumplen dentro de sistemas productivos que necesitan cada vez más equilibrio, resiliencia y eficiencia.

El trigo sigue siendo, para muchos planteos, un cultivo estratégico. Por un lado, porque permite diversificar la rotación y distribuir riesgos en contextos donde la incertidumbre climática y económica obliga a no depender de una sola alternativa. Por otro, porque representa una fuente de ingresos clave hacia fin de año, funcionando muchas veces como un verdadero pulmón financiero para las empresas agropecuarias.

Ahora bien, el escenario actual también plantea desafíos concretos. Los costos de producción continúan altos y obligan a mirar el margen con mucha atención. En particular, la relación entre precio del grano, costo de la fertilización nitrogenada y flete vuelve a ser determinante a la hora de definir el planteo. En muchos casos, los rendimientos de indiferencia se ubican en niveles exigentes, lo que deja poco margen para errores de manejo y refuerza la necesidad de tomar decisiones muy ajustadas a cada ambiente.

En este contexto, la fertilización merece una mención especial. El costo de la urea, junto con el peso creciente de la logística, condiciona de manera directa la inversión inicial y exige una mirada más fina sobre la eficiencia de uso de nutrientes. No parece ser una campaña para sobredosificar ni para hacer aplicaciones sin diagnóstico. Por el contrario, todo indica que será un año donde el análisis de suelo, el manejo por ambientes y la posibilidad de dividir aplicaciones van a ser herramientas claves para mejorar la relación entre inversión y respuesta.

A esto se suma una variable siempre decisiva en cereales de invierno: el agua. La disponibilidad hídrica al momento de la siembra, el nivel de recarga del perfil y la probabilidad de acompañamiento de lluvias durante el ciclo son factores que vuelven a ordenar las decisiones. Más que nunca, la campaña exige leer bien cada lote, reconocer diferencias entre ambientes y evitar planteos uniformes donde el sistema claramente no responde de manera uniforme.

Dicho de otra manera, el desafío no parece pasar por hacer planteos más agresivos, sino por hacerlos más precisos. En un año ajustado, la clave probablemente no esté en aumentar insumos, sino en asignarlos mejor. Y eso implica respaldar cada decisión con información: saber dónde estamos parados, definir objetivos realistas y ajustar la tecnología en función del potencial y del riesgo de cada situación.

Más allá del resultado económico inmediato, también es importante volver a poner en valor el aporte del trigo al sistema. Su inclusión en la rotación mejora la cobertura del suelo, contribuye a una mejor estructura, favorece la infiltración y aporta biomasa, ayudando a sostener o mejorar el nivel de materia orgánica. Además, permite construir sistemas más estables frente a la compactación, al tránsito de maquinaria y a los vaivenes climáticos. Son beneficios que muchas veces no aparecen completos en la cuenta de una sola campaña, pero que resultan fundamentales cuando se analiza la sustentabilidad del sistema en el mediano y largo plazo.

Desde la Regional Aapresid Venado Tuerto, donde conviven miradas de productores y asesores de una de las zonas agrícolas más intensivas del país, vemos que esta campaña exige combinar muy bien agronomía y gestión. El contexto obliga a afinar el lápiz, pero también a sostener una visión de sistema. En ese equilibrio, los cereales de invierno siguen teniendo mucho para aportar.

La próxima campaña, entonces, nos encuentra frente a una oportunidad que no debería analizarse solo desde el margen bruto. Será una campaña para decidir con criterio, ajustar con precisión y volver a reconocer al trigo no solo como un cultivo rentable en determinados escenarios, sino como una herramienta clave para producir mejor y construir sistemas más robustos.


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