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Camelina: la oleaginosa de invierno con potencial para las rotaciones
Manejo de Cultivos
Camelina: la oleaginosa de invierno con potencial para las rotaciones
Un cultivo de ciclo corto y bajos requerimientos que puede integrarse en esquemas de doble cultivo para nuevas oportunidades.
Daniela Becheran
FAUBA
Daniel Miralles
FAUBA
Published on March 2026
La camelina (Camelina sativa (L.) Crantz) es una oleaginosa anual de la familia Brassicaceae que en los últimos años despertó un creciente interés a nivel global por su adaptabilidad a diferentes ambientes, bajos requerimientos de insumos y la calidad de su aceite.
En Argentina se trata de un cultivo relativamente reciente, impulsado principalmente por la demanda de aceites destinados a biocombustibles avanzados.
Su ciclo corto, tolerancia a bajas temperaturas y rusticidad la posicionan como una alternativa interesante para diversificar e intensificar los sistemas agrícolas, especialmente en planteos que buscan reducir períodos de barbecho y aumentar la producción anual de biomasa y granos.
Características agronómicas y ciclo del cultivo
Uno de los atributos agronómicos más relevantes de la camelina es su ciclo relativamente corto, lo que permite su incorporación en secuencias de doble cultivo. Es un cultivo que puede completar su ciclo en aproximadamente 120 a 140 días, dependiendo del genotipo, la fecha de siembra y de las condiciones ambientales durante el crecimiento.
Durante las primeras etapas del desarrollo, las plantas forman una roseta basal de hojas, a partir de la cual posteriormente se produce la elongación del tallo principal y la emisión de ramificaciones laterales. El desarrollo reproductivo comienza con la aparición de las inflorescencias y continúa con un período de floración relativamente prolongado.
Las flores son pequeñas y de color amarillo, típicas de las Brassicaceae, y dan origen a frutos tipo silicua que contienen numerosas semillas pequeñas. El llenado de granos ocurre durante las últimas semanas del ciclo y determina el peso final de las semillas y el rendimiento del cultivo.
La Figura 1 muestra el ciclo ontogénico del cultivo, incluyendo las principales fases de desarrollo desde la emergencia hasta la madurez fisiológica.

En un ensayo a campo realizado en la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA) en el marco de un convenio con la empresa ChacraServicios SRL, el cultivo sembrado a mediados de junio alcanzó la floración aproximadamente entre 92 y 96 días después de la siembra, completando su ciclo en alrededor de 135 días.
Esta característica permite que la camelina se integre fácilmente entre cultivos de verano como soja, maíz, girasol o sorgo, ocupando ventanas productivas durante el invierno. De este modo, puede contribuir a aumentar la intensidad de los sistemas agrícolas sin interferir con los cultivos principales. Otro aspecto de interés en camelina es la notable tolerancia a bajas temperaturas. Durante el ensayo realizado en FAUBA, plantas en estado temprano soportaron temperaturas de hasta −4 °C en abrigo meteorológico, lo que implicó valores cercanos a −8 °C a nivel de hoja, sin observarse pérdidas de plantas ni interrupciones en el desarrollo del cultivo.
Desde el punto de vista productivo, la camelina presenta un contenido de aceite en la semilla que varía entre 38 y 43 %, mientras que el contenido de proteína oscila entre 27 y 32 %. Su aceite es particularmente rico en ácido alfa-linolénico (omega-3), lo que aumenta su valor para la industria alimentaria, nutricional y energética.
Rol en sistemas agrícolas intensificados
La inclusión de camelina en las rotaciones agrícolas puede aportar múltiples beneficios tanto productivos como ambientales. Su crecimiento durante el invierno permite mantener el suelo cubierto en períodos en los que tradicionalmente predominan los barbechos, reduciendo procesos de erosión y favoreciendo la captura de carbono en el suelo.
Además, su incorporación en rotaciones con cultivos estivales contribuye a diversificar los sistemas productivos, una estrategia clave para mejorar la resiliencia de los agroecosistemas. En sistemas agrícolas simplificados, la introducción de nuevas especies puede ayudar a reducir la presión de malezas, plagas y enfermedades, además de promover una mayor biodiversidad funcional. En este sentido, la camelina también puede aportar servicios ecosistémicos relevantes, ya que su floración atrae insectos polinizadores y organismos benéficos, favoreciendo el equilibrio biológico del agroecosistema. Por estas razones, el cultivo ha comenzado a ser considerado dentro de estrategias de agricultura regenerativa y sistemas de producción orientados a la sostenibilidad.
Generar mayor conocimiento en camelina para optimizar su manejo
A pesar de su potencial, la información agronómica disponible sobre camelina en condiciones de producción de la región pampeana aún es limitada. Por ello, desde la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, en conjunto con la empresa ChacraServicios, hemos desarrollado ensayos a campo orientados a comprender los principales factores de manejo que determinan el rendimiento del cultivo.
En uno de estos estudios se evaluó la respuesta de camelina a diferentes densidades de siembra y niveles de disponibilidad de nitrógeno, utilizando dos genotipos provistos por la empresa. Los resultados mostraron que tanto la densidad de plantas como la oferta de nitrógeno son factores clave para explicar la productividad del cultivo.
En términos generales, el rendimiento de camelina se relacionó principalmente con el número de granos por unidad de superficie, un componente que depende fuertemente del establecimiento del cultivo y de la disponibilidad de recursos durante el ciclo.
Implantación y densidad de siembra: Aspectos clave para maximizar el rendimiento
El peso promedio de los granos de camelina es de 1mg/grano (1 g=1000 semillas), por ello la correcta implantación para lograr una densidad objetivo que optimice el rendimiento es un punto crítico en el cultivo. Los resultados de los ensayos conducidos en FAUBA mostraron una fuerte respuesta del cultivo a la densidad de plantas. El aumento de la densidad desde 150 hasta 350 plantas por metro cuadrado permitió incrementar significativamente la biomasa aérea y el rendimiento en ambos genotipos evaluados.
Este efecto estuvo asociado principalmente a un aumento en el número de granos por unidad de superficie, mientras que el peso individual de los granos se mantuvo relativamente estable.
Estos resultados sugieren que lograr un adecuado establecimiento del cultivo es uno de los aspectos más importantes del manejo agronómico de la camelina. Una población óptima de plantas con valores cercanos a las 350 plantas/m2 implantadas permite maximizar la captura de recursos y la producción de estructuras reproductivas, generando así un mayor potencial de rendimiento. En los ensayos realizados, los rendimientos obtenidos se ubicaron en un rango de aproximadamente 1400 a 4000 kg ha⁻¹, lo que evidencia el potencial productivo del cultivo bajo condiciones experimentales. Sin embargo, es importante señalar que en situaciones productivas los rendimientos suelen ser inferiores debido a problemas en las implantaciones del cultivo, a una incorrecta nutrición y/o asociados a desgrane como consecuencia de un inadecuado momento de cosecha.
El rol del nitrógeno en la productividad del cultivo
Una vez alcanzada una adecuada densidad de plantas, la disponibilidad de nitrógeno es uno de los principales factores que explican las variaciones en el rendimiento. En los ensayos realizados, el aumento en la disponibilidad de nitrógeno incrementó la biomasa aérea, la absorción total de nitrógeno y el rendimiento del cultivo. Las mayores respuestas se observaron cuando el nitrógeno disponible superó aproximadamente los 50 kg N ha⁻¹, mientras que por debajo de ese nivel la respuesta fue limitada.
El incremento en el rendimiento estuvo asociado principalmente a un mayor número de granos por unidad de área, lo que confirma que este componente es el principal determinante del rendimiento en camelina. El nitrógeno influyó en la composición de la semilla ya que a medida que aumentó la absorción de nitrógeno por el cultivo, se incrementó el contenido de proteína de los granos mientras que el contenido de aceite tendió a disminuir, reflejando el clásico compromiso proteína-aceite observado en muchos cultivos oleaginosos. En los rangos evaluados, las mayores productividades se alcanzaron con disponibilidades de nitrógeno cercanas a 120–170 kg N ha⁻¹, sin observarse una clara saturación de la respuesta.
Una herramienta para diversificar y mejorar los sistemas productivos
En conjunto, los resultados disponibles muestran que la camelina reúne una serie de características agronómicas y productivas que la convierten en una alternativa interesante para diversificar los sistemas agrícolas de la región pampeana.
Su ciclo corto, tolerancia a bajas temperaturas y capacidad para integrarse en secuencias de doble cultivo permiten aumentar la intensidad de uso del suelo sin comprometer los cultivos principales. A esto se suman sus beneficios potenciales en términos de cobertura del suelo, captura de carbono y aporte a la biodiversidad del agroecosistema.
Si bien aún se requieren más estudios en distintas localidades y campañas para ajustar recomendaciones de manejo específicas, la evidencia actual sugiere que optimizar la densidad de siembra y la fertilización nitrogenada son dos aspectos clave para maximizar el rendimiento del cultivo.
En un contexto donde la sostenibilidad y la eficiencia en el uso de los recursos cobran cada vez mayor importancia, la camelina surge como una nueva herramienta para diversificar rotaciones y fortalecer los sistemas productivos.
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