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Calor persistente y un escenario de alta variabilidad climática

Clima

Calor persistente y un escenario de alta variabilidad climática

Con temperaturas elevadas, el comportamiento de las lluvias emerge como el principal factor de incertidumbre en la campaña gruesa.

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Luciana D'Acunto

Agrometeorología, Instituto de Clima y Agua, CIRN, INTA

Gabriela Posse

Instituto de Clima y Agua, CIRN, INTA

Published on February 2026

El verano 2025-26 comenzó con una señal térmica clara sobre gran parte del territorio argentino. Las temperaturas, superiores a lo normal, se extendieron de manera relativamente homogénea, con mayor intensidad sobre el centro y norte del país, configurando un escenario de calor persistente que incrementó de forma significativa la demanda atmosférica de agua durante diciembre. Enero mantuvo este comportamiento, con anomalías positivas generalizadas que consolidaron el patrón térmico observado (figura 1, segunda y tercera década del mes).

placeholder imageFigura 1. Anomalía de temperaturas máximas medias de diciembre (paneles superiores) y de enero (paneles inferiores) para las tres décadas de cada mes para la región Pampeana. Mas información de SIGA https://siga.inta.gob.ar/ y https://sepa.inta.gob.ar/
Figura 1. Anomalía de temperaturas máximas medias de diciembre (paneles superiores) y de enero (paneles inferiores) para las tres décadas de cada mes para la región Pampeana. Mas información de SIGA https://siga.inta.gob.ar/ y https://sepa.inta.gob.ar/

Desde el punto de vista de las precipitaciones, el comportamiento fue contrastante. Durante los meses de baja demanda atmosférica (invierno e inicios de la primavera de 2025), se registraron eventos de precipitación intensa concentrados en cortos períodos, que generaron excesos hídricos, anegamientos temporarios e incluso inundaciones localizadas, principalmente en sectores del centro-este y noreste de la provincia de Buenos Aires. Estos excesos dieron lugar a extensas áreas anegadas entre julio y octubre, lo que afectó de manera directa al sector productivo. La acumulación de agua dificultó la cosecha de los cultivos de invierno y condicionó la planificación de la campaña de verano. Dentro de la región Pampeana, la franja central de la provincia de Buenos Aires, desde General Villegas hasta Chascomús y Ayacucho, fue una de las más comprometidas por esta situación. En contraposición, durante diciembre y enero se observaron anomalías negativas en la zona central del país (figura 2), en un contexto caracterizado por una elevada heterogeneidad espacial y temporal de las lluvias.

placeholder imageFigura 2. Anomalía de precipitaciones de diciembre 2025 y enero 2026 para la región Pampeana. Mas información de SIGA https://siga.inta.gob.ar/ y https://sepa.inta.gob.ar/
Figura 2. Anomalía de precipitaciones de diciembre 2025 y enero 2026 para la región Pampeana. Mas información de SIGA https://siga.inta.gob.ar/ y https://sepa.inta.gob.ar/

La disminución de las lluvias permitió una mejora gradual de las condiciones, reduciendo de manera significativa la superficie afectada. La comparación entre agosto de 2025 y enero de 2026 evidencia una clara retracción de las áreas inundadas (figura 3). Este patrón se explica, en parte, por la persistencia de condiciones ENOS neutrales y una Niña débil incipiente durante gran parte del verano, lo que limita la aparición de una señal definida en el régimen de precipitaciones y aumenta el peso de la variabilidad atmosférica de corta escala y de los procesos locales.

placeholder imageFigura 3. Detección satelital de superficies con agua en Buenos Aires en agosto 2025 (a) y enero 2026 (b). Utilizando un índice espectral (MNDWI), calculado sobre un mosaico de imágenes Landsat (30 m de resolución espacial), fue posible mapear las áreas con agua en superficie. Mas información en SEPA https://sepa.inta.gob.ar/
Figura 3. Detección satelital de superficies con agua en Buenos Aires en agosto 2025 (a) y enero 2026 (b). Utilizando un índice espectral (MNDWI), calculado sobre un mosaico de imágenes Landsat (30 m de resolución espacial), fue posible mapear las áreas con agua en superficie. Mas información en SEPA https://sepa.inta.gob.ar/

Como consecuencia, determinadas áreas atravesaron intervalos secos prolongados o registraron acumulados insuficientes para compensar la elevada demanda impuesta por las altas temperaturas, en especial en sectores de la región Pampeana central. En este contexto, y en el marco de la campaña gruesa en curso, algunos planteos de maíz comienzan a mostrar los primeros indicios de estrés hídrico, principalmente los de siembra temprana y aquellos localizados en sectores de la zona núcleo agrícola. En cuanto a la soja, el cultivo está ingresando en su fase crítica; no obstante, una eventual recomposición de las lluvias permitiría atenuar los impactos productivos. Para los planteos de segunda o tardíos, la persistencia de una atmósfera altamente demandante, sumada a bajos niveles de almacenaje hídrico —en particular en la zona núcleo— incrementa la necesidad de precipitaciones en el mediano plazo para sostener el crecimiento de los cultivos y evitar pérdidas de rendimiento.

La información de balance de agua en el suelo refleja esta misma heterogeneidad, si bien se observa un patrón uniforme de disminución de la disponibilidad de agua en el suelo en gran parte de la región central del país durante el mes de enero (figura 4). En sectores donde las precipitaciones fueron abundantes y concentradas, los perfiles alcanzaron o superaron su capacidad de almacenaje, generando excedentes hídricos que incrementan el riesgo de escurrimiento superficial y dificultan las labores a campo. Los mayores contenidos de agua en el suelo se observan hacia el noreste del país, donde los perfiles aún presentan elevados contenidos de agua superiores al 60 % del máximo posible. En contraste, las condiciones más secas se concentran en el oeste y sur de la región Pampeana, abarcando el oeste y sudoeste de la provincia de Buenos Aires, gran parte de La Pampa, el sur de Córdoba y el sur de San Luis, donde los valores de humedad descienden en su mayoría por debajo del 20–30 % del máximo posible.

placeholder imageFigura 4. Contenido de agua en el suelo de la primera (a), segunda (b) y tercera (c) década de enero. El modelo, basado en información edafológica, climática y satelital, estima el contenido de agua útil del suelo con respecto a su máxima capacidad de retención dependiendo de las condiciones edáficas y climáticas. Mas información en SEPA https://siga.inta.gob.ar/https://sepa.inta.gob.ar/
Figura 4. Contenido de agua en el suelo de la primera (a), segunda (b) y tercera (c) década de enero. El modelo, basado en información edafológica, climática y satelital, estima el contenido de agua útil del suelo con respecto a su máxima capacidad de retención dependiendo de las condiciones edáficas y climáticas. Mas información en SEPA https://siga.inta.gob.ar/https://sepa.inta.gob.ar/

Para lo que resta del verano, el calor se mantiene como el principal factor de alerta. La persistencia de temperaturas elevadas, en combinación con lluvias erráticas, configura un escenario de alta sensibilidad a eventos extremos, con impacto directo sobre los sistemas productivos. En este marco, el último pronóstico elaborado por el Servicio Meteorológico Nacional, para el trimestre febrero-marzo-abril, continúa indicando temperaturas con valores superiores a los normales sobre el centro de la región Pampeana, mientras que hacia el sur se esperan valores más cercanos a los normales. En cuanto a las precipitaciones, se proyectan acumulados inferiores a los normales en el sur de la región Pampeana y condiciones cercanas a lo normal en el centro y norte de la región (figura 5). Respecto de los forzantes de gran escala, se prevé un retorno a condiciones neutrales del ENOS hacia mediados del verano–otoño 2026. La ausencia de una señal climática robusta a escala regional sugiere que la evolución de las precipitaciones estará dominada principalmente por eventos locales. En este contexto, el monitoreo continuo de las condiciones meteorológicas y del estado del agua en el suelo resulta clave para anticipar riesgos y ajustar decisiones de manejo, en un verano donde la variabilidad aparece como la característica dominante.

placeholder imageFigura 5. Pronóstico meteorológico trimestral (febrero a abril de 2026) de precipitaciones (a) y temperaturas (b) para la República Argentina elaborado por el Servicio Meteorológico Nacional.  Mas información en https://www.smn.gob.ar/pronostico-trimestral/
Figura 5. Pronóstico meteorológico trimestral (febrero a abril de 2026) de precipitaciones (a) y temperaturas (b) para la República Argentina elaborado por el Servicio Meteorológico Nacional. Mas información en https://www.smn.gob.ar/pronostico-trimestral/
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