Maíz tardío y de segunda: ¿Subimos o bajamos la densidad de siembra?
Manejo de Cultivos
Maíz tardío y de segunda: ¿Subimos o bajamos la densidad de siembra?
Definir el valor óptimo en cada ambiente es fundamental para maximizar la captura de recursos y clave para los rendimientos.
Eugenia Magnelli
Ing. Agrónoma
Published on January 2026
La densidad de siembra (número de semillas sembradas o plantas logradas por unidad de área) es una de las decisiones de manejo que más efecto tiene a la hora de alcanzar altos rendimientos en maíz, ya que determina la capacidad del cultivo de captar y utilizar recursos (radiación, agua y nutrientes), producir y particionar la biomasa generada entre estructuras vegetativas y reproductivas. Es la herramienta de manejo más importante para asegurar que el cultivo alcance máxima eficiencia de intercepción de la radiación en los períodos críticos para potenciar el número de destinos reproductivos logrados.
A diferencia de otros cultivos extensivos (soja, por ejemplo), el maíz tiene baja capacidad de compensación para generar nuevas estructuras vegetativas y reproductivas ante densidades subóptimas. En densidades de plantas mayores que la óptima, el rendimiento de maíz también se deprime debido a que la disminución de recursos por planta provoca una marcada reducción en la partición de biomasa a estructuras reproductivas durante la etapa de fijación de granos. Por lo tanto, es clave definir correctamente la densidad óptima de siembra (DOS) por parte del productor y/o asesor agropecuario. Además, el costo de las semillas de maíz tiene gran impacto en el presupuesto de insumos, por lo que habrá que maximizar la respuesta de la inversión.
Con poblaciones de Chicharrita (Dalbulus maidis, vector del virus de “achaparramiento del maíz”) que a la fecha no generan alarma y precipitaciones que acompañan, las siembras tardías y de segunda despiertan nuevas expectativas en maíz para la campaña 2025/26. En este sentido, repasamos algunas particularidades a tener en cuenta a fin de ajustar la DOS y no perder oportunidades de rendimiento.
Variables de manejo que influyen en la elección de la densidad óptima de siembra
La densidad de siembra en maíces tardíos o de segunda puede oscilar entre 50.000 a 80.000 pl/ha. No obstante, el valor óptimo puede variar en cada zona o lote y deberá analizarse considerando los siguientes factores:
- Características del ambiente productivo
La adecuación de la densidad al ambiente genera importantes beneficios al rendimiento. Así, en sistemas de alta producción de maíz (disponibilidad de agua y nitrógeno), los máximos rendimientos son alcanzados con altas densidades que permiten la completa cobertura de suelo para maximizar la intercepción de radiación, la tasa de crecimiento del cultivo, la partición reproductiva y la eficiencia para fijar granos. Por lo tanto, los ambientes de mejor productividad soportan mayores densidades con respecto a los más restrictivos.
- Fecha de siembra
En general, las siembras tardías y de segunda están asociadas con una menor tolerancia a altas densidades, sin embargo, esa práctica puede conllevar la pérdida de oportunidades de rendimiento.
Los maíces tardíos tienen una mayor tasa de crecimiento vegetativo con potenciales efectos negativos sobre la partición reproductiva. Además, la radiación solar incidente durante la etapa crítica de floración es menor. No obstante, el retraso de la fecha de siembra puede posicionar al cultivo de maíz en mejores ambientes desde el punto de vista hídrico. En dichas situaciones, la densidad de plantas óptima es superior en fecha tardía respecto a las tempranas, tal como se ha encontrado en algunos ambientes del SO de Buenos Aires. En esa línea, un estudio realizado por INTA Manfredi, revela que maíces tardíos sembrados en el centro de Córdoba en secano responden positivamente al incremento de la densidad de plantas con óptimos cercanos a 8 pl/m2.
- Elección del híbrido
- Ciclo: Los efectos negativos del desplazamiento de la floración y el llenado de los granos con el retraso de la siembra hacia momentos menos favorables serán mayores cuanto más largo sea el ciclo del híbrido empleado. Un trabajo de Cirilo (INTA Pergamino, 2021) demuestra que, para maíces de segunda muy tardíos en Pergamino, los híbridos de ciclo muy largo rindieron menos, especialmente con la densidad más elevada. Tabla 1.

- Tolerancia a la densidad: Cada híbrido tiene una respuesta distinta a la densidad en función de características (crecimiento, orientación de las hojas, capacidad de fijar número y/o peso de granos, etc.) que definen su plasticidad. Algunos materiales están diseñados para tener buena performance en altas poblaciones, mientras que otros rinden mejor en densidades menores. Según la tolerancia de los genotipos a la densidad y su plasticidad, será la DOS y el rinde alcanzado.
- Prolificidad: los genotipos con mecanismos de plasticidad reproductiva (más de una espiga por vástago o producción de macollos fértiles) permiten atenuar las brechas originadas por la decisión de reducir la densidad de siembra en ambientes restrictivos. A mayor prolificidad, menor variación del rinde entre densidades. Atención: la prolificidad necesita nitrógeno para poder expresarse.
Algunos impactos indirectos de la densidad sobre el rendimiento
- Densidades altas o muy bajas afectan la eficiencia de cosecha, resultando pérdidas apreciables por aumento de la relación paja/grano o disminución del tamaño de los granos (altas densidades).
- Bajas densidades favorecen el desarrollo de malezas, incrementando la competencia interespecífica por recursos y los costos de control.
- El aumento de la densidad de siembra en fechas tardías puede desencadenar otros efectos indeseables:
- Mayor susceptibilidad al vuelco por reducción del diámetro del tallo de maíz.
- Favorece el desarrollo de algunas plagas. Por un lado, se crean condiciones microclimáticas (alta humedad) propicias para enfermedades como fusarium o carbón de la espiga. Por otro, disminuye la tolerancia del vegetal al daño que ocasionan ciertos insectos; por ejemplo, las plantas afectadas por barrenador del tallo (Diatraea sacharallis) son más propensas al vuelco, dado que la caña es menos robusta para soportar el daño.
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