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La variable que pocos contemplan y que afecta la eficacia del manejo

Manejo de Plagas
La variable que pocos contemplan y que afecta la eficacia del manejo
La calidad del agua es crucial para evitar fallas en los tratamientos y garantizar un control de plagas exitoso.
Eugenia Magnelli
Published on December 2025
Fallas en los tratamientos de control de plagas, menor eficacia del producto aplicado, filtros y pastillas de la máquina pulverizadora obstruidos, pulverización desuniforme, etc. ¿Te suena conocido?
A la hora de controlar malezas, insectos o enfermedades que afectan a los cultivos, frecuentemente nos tomamos el tiempo para conocer las últimas tecnologías presentes en el mercado, discernimos sobre aquellos productos que maximicen los resultados frente a la plaga en cuestión y/o más se ajustan a nuestro sistema productivo. Todo este proceso está muy bien, pero hay otra variable muy importante que influye en la eficacia de acción de los fitosanitarios y muchas veces no se le presta mucha atención. Estamos hablando de la calidad del agua con que preparamos el caldo de aplicación.
¿Por que es importante la calidad del agua? El agua es el principal vehículo por el cual se transportan los principios activos hasta la llegada al blanco. Por tanto, sus propiedades físico-químicas son claves para garantizar la estabilidad del caldo preparado, asegurar la eficiencia del producto aplicado y el normal funcionamiento de los picos pulverizadores.
Propiedades fisicoquímicas del agua que inciden en el comportamiento de los fitosanitarios
Los parámetros que definen la calidad del agua básicamente son: pH, salinidad, dureza y turbidez. A continuación, describimos el impacto que tienen cada uno de ellos en los activos y cómo corregir los desvíos de los valores óptimos recomendados.
PH IDEAL
El pH es una medida de la concentración de iones hidrógeno (H+) que tiene una solución acuosa e indica el grado de acidez o alcalinidad de la misma. Para aplicaciones agrícolas el pH óptimo es ligeramente ácido, entre 5 y 6. No obstante, los valores recomendados varían de un producto a otro. Algunos poseen mayor estabilidad a pH más altos, como sulfonilureas y triazolopirimidinas, mientras que otros lo hacen a pH más ácido (la mayor parte de los herbicidas ácidos débiles).
Cuando el pH del agua está por debajo o por encima del rango recomendado, en algunos casos, los activos pueden precipitar. El agua ácida (pH<5) puede afectar la estabilidad de las mezclas y producir pérdida de solubilidad de productos a base de sal. Estudios indicaron que la volatilidad de herbicidas como Dicamba se incrementó debido al descenso de pH lo que comprometió su solubilidad en agua.
Es importante señalar, que ciertos principios activos de herbicidas, fungicidas, insecticidas, o formulaciones tipo éster, pueden hidrolizarse (se degradan) con pH superiores a 7. En consecuencia, se pierde eficacia del producto antes de aplicarlo en el lote.
El pH del agua también influye en la vida media del fitosanitario, entendida como el tiempo que demora en degradarse el 50% de un principio activo, este puede variar desde unos minutos hasta varias horas. Por lo tanto, este parámetro nos indica el riesgo de retrasar las aplicaciones una vez preparado el caldo. Por ejemplo, el Clorpirifos tiene una vida media de 5 días con un pH de 7, pero se reduce a 36 hs ante un pH de 8.
Antes de la preparación del caldo de aplicación recomendamos:
- Medir el pH del agua. Para ello se puede recurrir a tiras colorimétricas o peachimetros.
- Corrección del pH. En función de la lectura anterior y lo especificado en el producto a aplicar, será necesario corregir el pH recurriendo a distintos productos existentes en el mercado. Para no cometer errores, la corrección debe realizarse teniendo en cuenta el volumen de agua presente en el tanque pulverizador. Posteriormente, se debe agitar bien el caldo preparado y volver a medir el pH. Advertir que ciertos Fitosanitarios (glifosato, por ejemplo), tienen una reacción ácida lo cual acidifica el medio, en estos casos se evaluará la necesidad de corregir el pH del agua según corresponda.

Salinidad y Dureza del agua
El tipo y la cantidad de sales disueltas en el agua también pueden interferir con las moléculas de los productos y, como consecuencia, generar una inactivación parcial del activo y/o una menor absorción foliar.
Los principales elementos que se pueden encontrar disueltos en el agua son: cationes como calcio (Ca²⁺), magnesio (Mg²⁺) y sodio (Na⁺), y aniones como sulfato (SO₄²ˉ), cloruro (Clˉ) y bicarbonato (HCO₃ˉ). Otros elementos que se encuentran, pero en menores concentraciones, son K⁺, Fe²⁺, Fe³⁺, NO₃ˉ.
Una manera sencilla de determinar el total de sólidos disueltos (TSD) en el agua es a través de la conductividad eléctrica (CE), cuanto mayor es el TSD, mayor es la CE. En general, se recomienda utilizar aguas con CE menor a 500 µS/cm.
La dureza del agua es la medida de la concentración de los dos iones más importantes: calcio (Ca²⁺) y magnesio (Mg²⁺). Se expresa como equivalente de carbonato de calcio (CaCO₃) en mg/l o ppm. La clasificación de la dureza del agua según el valor de CaCO₃ en ppm se muestra en la Tabla 1.

En las aguas duras los cationes (Ca²⁺ y Mg²⁺) se unen a las cargas negativas de los herbicidas, creando moléculas de mayor tamaño (complejos) que no pueden entrar a la planta, o lo hacen a un menor ritmo. En algunos casos se forman sales de menor solubilidad (precipitados), con poco o nulo efecto de control sobre la plaga.
La presencia de sarro en las tuberías y canillas nos puede dar indicios que el agua que estamos utilizando es dura. Para corroborarlo, es conveniente tomar una muestra y llevarla al laboratorio para realizar un análisis de calidad de agua.
Cuando la dureza del agua supera las 120 ppm de CaCO3, se recomienda emplear diversos productos existentes en el mercado para corregirla. Los coadyuvantes, por ejemplo, agregados al agua antes de la incorporación de los fitosanitarios, acomplejan los iones positivos limitando su disponibilidad. Algunos correctores de dureza también corrigen el pH del agua o tienen efecto buffer.
Ante la presencia de aguas duras, otra medida práctica para reducir la inactivación del fitosanitario consiste en disminuir el volumen del caldo de aplicación hasta un límite que no afecte la mezcla de los productos en el tanque y se logren los impactos necesarios.
Turbidez del agua o falta de transparencia
Este parámetro indica la presencia de partículas sólidas en suspensión, tales como limo, arcillas y materia orgánica. Éstas, debido a sus cargas negativas, se adsorben a los herbicidas produciendo también su inactivación.
Los fitosanitarios tienen distinto comportamiento y susceptibilidad frente a la turbidez. Un parámetro que lo refleja es el coeficiente de adsorción de carbono orgánico (Koc). Esta medida representa en qué nivel será retenido el producto por las partículas de arcilla, limo o materia orgánica que generan la turbidez. A mayores valores de Koc, mayor será la retención y por ende menor actividad tendrá el producto. Esto ocurre con herbicidas como el Paraquat o el Glifosato, cuya actividad se reduce cuando se los emplea con aguas turbias. Por su parte, los graminicidas FOP´s y DIM´s tienen una sensibilidad media a la turbidez.
Además de limitar la acción de los herbicidas, las aguas turbias pueden obstruir los filtros y las pastillas de las máquinas pulverizadoras, afectando la uniformidad de la aplicación.

Corregir la turbidez del agua no es una tarea sencilla, pero se pueden considerar las siguientes alternativas:
- Reposar el agua para permitir la decantación de los sólidos suspendidos, y luego tomar el agua desde la superficie sin generar remoción.
- Cambiar la fuente de agua por agua de pozo o de red.
- Cambiar el herbicida por otro con características de acción similares, pero que tenga menor afinidad por las partículas en suspensión (menor Koc).
La calidad del agua puede variar en el tiempo, especialmente en fuentes superficiales. Por lo tanto, es conveniente repetir anualmente el análisis químico en laboratorio. Otro dato, la muestra siempre debe ser tomada del mismo recurso hídrico que se va a utilizar en la preparación del caldo. Conocer la calidad de agua a utilizar es clave para tomar las medidas de ajuste correspondientes.
La elección del activo correcto, la aplicación en el momento oportuno de la plaga y bajo las condiciones ambientales propicias, la regulación de los equipos pulverizadores (terrestres y aéreos) y el uso de un agua de calidad para la preparación del caldo, es y será fundamental para evitar fallas en los tratamientos.
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