Evolución y perspectivas de la producción triguera en Paraguay

Manejo de Cultivos
Evolución y perspectivas de la producción triguera en Paraguay
Este cultivo desempeña un papel fundamental en la dieta y en la sostenibilidad de los sistemas agrícolas de ese país.
Pablo Eduardo Abbate
Consultor IPTA-BID
Man Mohan Kohli
IPTA - CAPECO - INBIO
Published on November 2025
Consumo de trigo en Paraguay
A nivel mundial, el trigo ocupa el primer lugar entre los cereales en superficie cultivada y el segundo en volumen de producción, después del maíz. En Paraguay, junto al maíz y la mandioca, el trigo constituye una de las tres principales fuentes de energía en la dieta de la población y, junto con las carnes y el maíz, una de las tres principales fuentes de proteínas (Fig. 1). Es decir, tanto en este país como en el resto de Latinoamérica y el mundo, el trigo es uno de los cultivos clave para la seguridad alimentaria de la población humana.
Los datos de FAOSTAT (promedio 2020-2022) muestran que actualmente los tres países latinoamericanos con mayor consumo de trigo por habitante son Chile, con 121 kg/hab./año, seguido por Argentina y Uruguay, con 118 y 113 kg/hab./año, respectivamente. El consumo en Paraguay alcanza los 50 kg/hab./año, un valor similar al promedio latinoamericano (53 kg/hab./año) y por debajo del promedio mundial (68 kg/hab./año).
Sorprendentemente, el consumo de trigo por habitante en Paraguay está aumentando a una tasa de 1,9 %/año (Fig. 2a), la cual es mayor que la de Argentina (1,6 %/año), la de Latinoamérica (0,6 %/año) y la del mundo (0,1 %/año). Por su parte, el consumo total de trigo como alimento (Fig. 2b) continúa creciendo debido al aumento del consumo por habitante y al aumento poblacional, resultando una tasa de 3,7; 2,7; 1,3 y 1,4 %/año para Paraguay, Argentina, Latinoamérica y el mundo, respectivamente. A pesar de las críticas poco verificables al trigo como alimento humano, su consumo continúa en aumento.
Además del consumo humano, si se consideran otros usos del trigo y se computa su consumo total a nivel país, Paraguay registra 700 000 t/año, calculadas como el promedio de tres años (2022-2024) según el USDA, lo que representa el 58 % de su producción.Por el contrario, el consumo total de trigo en Argentina es mayor (7.2 millones de t/año), aunque este valor corresponde a un porcentaje menor de su producción (40 %).




Importancia agronómica del trigo en Paraguay
En la sección anterior se destacó la importancia del trigo como alimento. Sin embargo, este cultivo es también relevante desde el punto de vista agronómico tanto en Paraguay como en el resto de Latinoamérica:
- Genera una cobertura vegetal durante el invierno que permite evitar la desagregación y la erosión del suelo.
- Aporta una cantidad significativa de carbono al suelo, lo que favorece su conservación.
- Contribuye al control de malezas, particularmente de las latifoliadas, reduciendo así la necesidad de aplicar productos químicos.
- Es el cultivo invernal con mayor facilidad de comercialización, facilitando a los productores obtener ingresos monetarios en fechas opuestas a las de los cultivos de verano.
Pioneros del trigo en Paraguay
El trigo llegó a Paraguay de la mano de los colonizadores españoles a mediados del siglo XVI. Fue cultivado por los jesuitas en Paraguay y en las regiones circundantes a sus misiones desde aproximadamente el año 1610, cuando se fundó su primera reducción, San Ignacio Guazú, hasta la expulsión de la orden en 1767. Posteriormente, el cultivo no tuvo continuidad debido a su escasa adaptación a las condiciones del ambiente subtropical. No obstante, el trigo continuó formando parte de la dieta, e incluso su consumo se incrementó con el tiempo, motivo por el cual aumentaron las importaciones desde el sur (Argentina y Uruguay).
A fines del siglo XIX, Moisés Bertoni (1857–1929), nacido en Suiza, arribó a Paraguay. Había estudiado Ciencias Naturales en Zúrich y decidió dedicarse a la agricultura, por lo que viajó a Argentina a la edad de 26 años (1884) junto a un grupo de agricultores. Se establecieron cerca de la frontera con Paraguay, en Santa Ana (Misiones, Argentina), donde realizó los primeros ensayos con trigo de la zona. Tres años más tarde se trasladó definitivamente a Paraguay, donde continuó sus investigaciones.
Bertoni fue el primer autor que describió el cultivo de trigo en Paraguay en el capítulo El cultivo de trigo en el Paraguay de su libro Agenda y mentor agrícola (1903). Allí concluyó que no existen regiones productoras de trigo con temperaturas tan elevadas como en Paraguay. En la actualidad existe producción triguera en Brasil y en otras zonas de baja latitud, aunque en general se trata de regiones específicas con condiciones térmicas más favorables que las paraguayas.
La Fig. 3a muestra que, en Paraguay, la temperatura anual aumenta hacia el norte y el oeste, de 20 a 24 °C. Tal como señaló Bertoni hace más de un siglo, estas temperaturas son más altas que las de la mayoría de las zonas productoras de trigo. Por ejemplo, son comparables a las de Chaco, Formosa y el norte de Santiago del Estero (Argentina), regiones donde la producción de trigo es mínima. A su vez, la precipitación anual disminuye hacia el oeste de 1800 a 600 mm, es decir, se reduce en un 60 %.
Estos dos factores, temperatura y precipitación, explican en gran medida la distribución de la siembra y los rendimientos de trigo en Paraguay. Además, a partir de los datos presentados por Grassi (2020), puede estimarse que la temperatura media anual aumentó entre 1955 y 2020 a razón de 0.02 °C por año, lo cual no resulta favorable para el cultivo. Por su parte, la precipitación media se mantuvo estable durante ese mismo período.
Bertoni menciona, aunque sin destacarlos, los problemas sanitarios que hoy caracterizan la producción triguera en el país, en particular los ataques recurrentes de la roya de la hoja, roya del tallo, oídio, manchas foliares y enfermedades de la espiga como fusariosis y piricularia.

Producción de trigo en Paraguay
La Fig. 4 presenta mapas de alta resolución que se actualizan cada 4 o 5 años. En el mapa de superficie cosechada (Fig. 4a), cada punto en la categoría 1-500 ha indica que se cosecharon entre 1 y 500 ha de trigo por cada 10 000 ha de superficie total. En definitiva, la Fig. 4a muestra que en Paraguay existe una gran dispersión de la superficie sembrada, con una amplia zona donde se cosechan 500 ha o menos por cada 10 000 ha de terreno.
Asimismo, a partir de la Fig. 4a se observa que la mayor superficie cosechada se concentra sobre el eje del río Paraná. De los 18 departamentos, en 10 se registran áreas con cosecha de trigo; sin embargo, solo tres departamentos (Alto Paraná, Itapúa y Caaguazú) concentran aproximadamente el 80 % de la superficie cosechada y de la producción nacional.
En la Fig. 4a también puede observarse que la difusión del cultivo de trigo en el lado argentino es mínima, ya que allí la producción se concentra en zonas más templadas. En Brasil, en cambio, la difusión del cultivo es similar a la de Paraguay, dado que cuenta con unas pocas regiones más frescas para la producción triguera.
El mapa de rendimiento (Fig. 4b) muestra una gran variabilidad espacial, con predominio de bajos rendimientos y los valores más altos localizados en el sur del país. También puede observarse que, hacia el sur, en Argentina y Brasil, el rendimiento tiende a aumentar, mientras que hacia el este (a similar latitud) presenta valores similares a los de Paraguay.


Al igual que en Argentina, a partir del año 2000 Paraguay experimentó una marcada expansión agrícola. La Fig. 5 presenta la evolución de la superficie sembrada de los principales cultivos de granos del país, evidenciando una expansión sostenida de la superficie cultivada entre aproximadamente los años 2000 y 2013. Durante ese período, la soja registró el mayor incremento, seguido del maíz y uno muy leve para el trigo, mientras que el girasol registró una disminución. El escaso crecimiento del área destinada al trigo representa una desventaja, dado que este cultivo ofrece importantes beneficios agronómicos (ver arriba) que se desaprovechan en sistemas de rotación dominados por cultivos de verano.

En la Fig. 6a se presenta la evolución de la producción anual de trigo en Paraguay. Pueden distinguirse al menos dos etapas de crecimiento: una primera entre 1980 y 2000, con un promedio de aproximadamente 16 000 t/año; y una segunda entre 2000 y 2010, mucho más pronunciada, del orden de 84 000 t/año. Esto permitió que Paraguay realizará su primera exportación de trigo en 1986 y alcanzara el autoabastecimiento interno de manera ininterrumpida desde 2001. Actualmente,considerando las campañas 2022, 2023 y 2024 según datos de CAPECO, la producción promedio rodea los 1,1 millones de t/año, con una superficie cosechada de 403 000 ha/año y un rendimiento medio de 2,7 t/ha. Esto genera un saldo exportable neto cercano a las 362 000 t/año, generalmente con una calidad superior a la del trigo argentino. Es importante señalar que, para mantener el volumen de exportación actual frente al aumento del consumo interno (ver Fig. 2b), la producción debería crecer a una tasa de alrededor de 3,7 %/año.
En la Fig. 6b se compara la evolución del rendimiento de trigo de Paraguay con el de Argentina durante los últimos 54 años. Puede observarse que, en general, aunque no siempre, el rendimiento en Argentina es superior, dado que el clima de la zona triguera argentina es más favorable. Sin embargo, al comparar el incremento relativo del rendimiento, ambos países muestran una tasa de aumento similar, un 1.5 %/año. En ambos casos, dicho incremento puede atribuirse al éxito del mejoramiento genético y al avance de las tecnologías de manejo del cultivo, ya que en ninguno de los países se registraron cambios favorables en el clima ni en las condiciones edáficas.
Considerando los últimos 20 años (Fig. 6b), en ambos países el aumento del rendimiento fue menor que el promedio observado durante los últimos 54 años. Aún así, el incremento de rendimiento en Paraguay fue superior al de las provincias del norte de Argentina, con excepción de Corrientes y Santa Fe (Fig. 7). El marcado aumento en Corrientes se debe a que una empresa que concentra la mayor parte de la superficie sembrada con trigo aprovecha la infraestructura de riego utilizada para el arroz, aplicándola al trigo en períodos de sequía. Por su parte, el alto incremento registrado en el norte de Santa Fe se puede atribuir a la influencia del departamento 9 de Julio, donde en los últimos años la presencia de napa freática ha contribuido a elevar los rendimientos de trigo y otros cultivos. Excluyendo estos casos particulares, el aumento del rendimiento en Paraguay resulta superior al observado en Argentina en latitudes comparables. Este hecho sugiere que en el norte argentino podrían lograrse incrementos de rendimiento similares a los de Paraguay, permitiendo que dichas provincias alcancen el autoabastecimiento local de trigo.
La producción de trigo durante la década de 1960 promediaba 15 000 t/año (Fig. 6a), alcanzando 1,2 millones de t/año en la década de 2010. Esto representa un incremento de aproximadamente 80 veces. Durante esos años, la superficie cosechada pasó de 15 500 ha/año a 540 000 ha/año, es decir, un aumento de 34 veces. El resto del incremento de la producción puede atribuirse tanto al mejoramiento genético como a los avances en las tecnologías de manejo del cultivo, los cuales tuvieron un impacto más significativo que el simple aumento de la superficie sembrada.


En cuanto al futuro de la producción triguera paraguaya, el cultivo se perfila como un componente clave para la diversificación, sostenibilidad y competitividad de la agricultura nacional, lo que justifica incentivar su expansión. Si la superficie sembrada con trigo alcanzará el 30 % de la superficie cultivada con soja, se dispondría de unas 1,1 millones ha/año de trigo. Si, además, el rendimiento promedio se estabiliza en torno a 2 800 kg/ha (lo que representaría un aumento del 6 % respecto del rendimiento actual), la producción total ascendería a 3,1 millones t/año. A un precio de 200 USD/t, ello equivaldría a un ingreso anual de aproximadamente 620 millones de dólares para el país.
No existe ningún obstáculo técnico evidente que impida alcanzar tales niveles de producción. No obstante, para lograr este objetivo es necesario continuar incorporando tecnologías, tanto mediante el mejoramiento genético como a través de la optimización del manejo del cultivo, con especial foco en reducir el conflicto entre la fecha de cosecha del trigo y la siembra de la soja.

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