El socio Aapresid que durante casi 40 años sembró el futuro con raíces

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El socio Aapresid que durante casi 40 años sembró el futuro con raíces
Un reconocimiento al pionero de la SD, Cristian Kleine que demostró que la clave está en las bases: las raíces y el suelo.
Lucía Cuffia
Editora
Published on October 2025
Así como hay hinchas fervientes de equipos deportivos o seguidores de bandas musicales, Cristian es un defensor nato de las raíces y todo lo relacionado con el suelo. Su remera favorita podría fácilmente llevar la inscripción “Yo ♥ las raíces” en lugar del icónico “I ♥ New York”. De hecho, su foto de perfil en WhatsApp muestra un puñado de raíces junto con la fórmula (Rz + Mo) ®️.
“Algunos me dicen que soy un fanático, pero la verdad es que no es fanatismo. Estoy convencido de que, tratando de imitar a la naturaleza, las raíces juegan un rol preponderante y son la solución al problema”, dice.
Su conexión con el agro viene de familia. Sus abuelos y sus padres eran de Prusia y en 1950 emigraron a Argentina, con la intención de seguir trabajando en el campo, como lo venían haciendo. Al poco tiempo de llegar al país, nace Cristian en Buenos Aires y cuando tenía tan solo 2 días de vida, su abuelo decide comprar un campo en el Delta Entrerriano, lindero con Uruguay. “Me crié ahí, siempre en contacto con el campo y también con el agua”.
Cuando llegó el momento de elegir una carrera, no tuvo dudas de que lo suyo era Agronomía y se instaló en Buenos Aires para estudiar en la UBA. Con título en mano, comenzó a dar sus primeros pasos como ingeniero en varios campos de las sierras bonaerenses. Hasta que en el año 1985, lo llamaron para administrar la Fundación Hogar Funke, una entidad de bien público que recibe huéspedes de habla alemana y cuyo único capital es el suelo, debiendo financiarse a través de su propia producción agrícola-ganadera.
Un panfleto sobre “sembrar sin tocar nada” lo llevó a unirse a la revolución de la SD y a cofundar la Regional Bahía Blanca hace 25 años.

“El panfleto del loco que quería sembrar sin tocar nada”
Cristian recuerdó con lujo de detalles aquella exposición a la que habían ido con Ricardo Ochoa -uno de los fundadores de Aapresid-, en la que estaba Víctor Trucco repartiendo panfletos y presentándose como “el loco que quería sembrar sin tocar nada”.
A partir de este primer contacto, organizaron un pequeño congreso en Bahía Blanca y lo trajeron a Víctor para que diera una pequeña charla sobre su “idea loca”. “Gracias al entusiasmo contagioso de Víctor y a la oportunidad que tuvimos de visitar Estados Unidos en el 84, vimos que la solución podía pasar por ahí y fuimos varios los locos que nos sumamos a la movida de sembrar sin mover la tierra”, recuerda Cristian.
Así, empezaron los ensayos en el 85 con 8 hectáreas de Siembra Directa en la Fundación. “La locura salió bien, porque a los 5 años ya teníamos todo el campo en SD, luego de un fuerte trabajo de adaptación de las maquinarias a esta técnica”, cuentó orgulloso.
El ensayo original (que compara SD vs. Labranza convencional en 7 hectáreas para cada planteo a la par) lleva 38 años demostrando las bondades de la SD, lo que le mereció el nombre de “Monumento Histórico”. El mismo tiene un seguimiento constante por parte del investigador Juan Galantini, de la Universidad del Sur, y también se sumó Luis Wall, de la Universidad Nacional de Quilmes, para hacer un seguimiento de los microorganismos del suelo.
Gracias a este ensayo, se lograron aportar datos sumamente valiosos y Cristian no oculta su emoción al compartirlos:
“Juan Galantini demostró que en convencional se pierden 11.500 kilos de tierra por hectárea y por año, algo que nos volvió locos. También, después de la seca de 2008/2009, evaluamos la cantidad de agua útil hasta 2 metros de profundidad, y el lote de SD tenía el equivalente a 160/180 mm de agua, mientras que el convencional tenía 25/55 mm, dos años seguidos”.
“Luis Wall hizo el seguimiento de los microorganismos del suelo y las buenas prácticas agrícolas, y demostró que el lote en SD era el que más micro y macro fauna tenía. Hace 10 años, cuando el ensayo tenía 27 años, Luis nos propuso invertir una parte de cada lote, pasando de SD a convencional y a la inversa, como una forma de evaluar la cantidad de micro y macro fauna que se va generando en el nuevo lote en SD y que se va a perdiendo en el ahora devenido convencional.” El ensayo sigue en pie y la idea es sumar nuevos académicos para que estudien el caso.

Cada región con su “librito de recetas”
Además de ser socio Aapresid de la primera hora (1987), Cristian fue parte de una de las primeras Regionales Aapresid. “Ricardo Ochoa fue nuestro secretario en la Regional. Había armado un equipo junto con otros dos muchachos y compraron una máquina Baldán, con la condición de que tenían que hacer tres años el ensayo de SD en el mismo lugar. Fue después de esa experiencia que decidimos juntarnos un grupo de productores de la zona, que teníamos los mismos problemas de pendiente, de tosca cerca y otras yerbas, y creamos la Regional Bahía Blanca-Santa Rosa. ¡Esto fue hace 25 años!”.
Esta Regional fue una de las primeras en la zona, y abarcaba desde Bahía Blanca hasta Santa Rosa, con suelos totalmente distintos. “Esa diversidad de suelos era nuestra mayor fortaleza. Juntarnos, compartir experiencias y novedades todos los meses, nos permitió crecer a todos”.
Con el diario del lunes, Cristian reconoció que el error que cometieron al principio fue querer importar recetas del “norte” -en referencia a Marcos Juárez, Rosario y otras localidades de la zona donde se dieron las primeras experiencias en Siembra Directa. “Con el tiempo, nos dimos cuenta de que teníamos que hacer nuestra propia experiencia; y en este camino nos sirvió el ensayo del monumento histórico, para seguir indagando y ajustando cosas de acuerdo al ambiente y a los desafíos que tenemos acá”.
Uno de los mayores desafíos que enfrenta esta región es la gestión del agua. “Las lluvias se concentran en otoño y primavera, y debemos cuidar esa agua en profundidad, además de no mover el suelo”.
Entre los muchos aprendizajes, recuerda uno en particular, que les dejó un contrato para hacer girasol confitero en la campaña 2004/05. “Nos dijeron que teníamos que sembrarlo con 25 mil plantas, cuando nosotros estábamos acostumbrados a 60 mil plantas. Al final, quedaron 13 mil plantas y sacamos 2000 kilos de girasol confitero. Esta experiencia nos permitió ver que, con menos densidad, el girasol pasó de rendir 1500 kg/ha a 1800 kilos/ha”.
Lo mismo pasó con el maíz. “Estábamos sembrando maíz en alta densidad y, si fallaba, se lo dábamos a la hacienda. Ahora sembrando 27.000 plantas, o sea, 2 o 3 veces menos de lo que veníamos sembrando, logramos una estabilidad que pasó de 1500 kilos a 4000 kilos de promedio en los últimos 10 años”, contó.
Esta zona pasó a ser prácticamente una zona de cosecha gruesa, mucho más segura que la cosecha fina. “Tardamos 4 o 5 años en darnos cuenta de que había que bajar la densidad, y fuimos bajando cada vez más”.
Pero no solo capitalizaron aprendizajes en agricultura, sino también en ganadería. “Cuándo fue la sequía del 2008/2009, tuvimos una época de silos vacíos y lo único que nos salvó fue la vaca de cría. Tuvimos que vender 350 vientres con el ternero adentro para pagar sueldos. Ahí nos dimos cuenta de que también teníamos que bajar la cantidad de vientres durante el año, para no estar pendientes de comprar suplementos en años difíciles. De esta forma, estabilizamos la preñez y le dimos estabilidad a la ganadería, básicamente porque el suplemento es el que impacta mucho los costos”.
Aapresid y su compromiso con el cuidado del suelo
Los más de 39 años como socio Aapresid consolidan la visión de Cristian sobre el rol fundamental de la institución en el cuidado del suelo. “El suelo es la base de todo”, afirma. “Antes, nos enfocábamos en la cobertura y en no removerlo, pero ahora entendemos que los verdaderos protagonistas son el suelo, las raíces y todo el mundo de microorganismos que los habitan”. Cristian también destaca la importancia de promover una Ley de Suelos a nivel nacional para garantizar la salud del suelo y su manejo sostenible.
Para entender el suelo, hay que meter mano. Por eso dice que la pala es la herramienta más importante en el campo. “Nos permite ver qué pasa en los primeros 30 cm del suelo y, en nuestro caso, realizar un seguimiento hasta 2 metros de profundidad para saber cuánta agua podemos almacenar. Esta información es clave para garantizar su cuidado”.
En este camino, señala Cristian, Aapresid se destaca como un referente en la generación y difusión de conocimiento. “Si tuviera que elegir dos palabras para hablar de Aapresid, serían conocimiento y amistad. Estos valores son pilares fundamentales del trabajo colaborativo que impulsa la institución en su búsqueda de una agricultura más sostenible”, cierra.

(Nota publicada originalmente en la Revista Aapresid N° 230 Especial Maíz y Sorgo)
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