Escuelas rurales: motor de arraigo, comunidad y futuro educativo
Perspectivas Sociopolíticas
Escuelas rurales: motor de arraigo, comunidad y futuro educativo
La escuela rural, clave para la equidad y la innovación educativa, fue un debate esperanzador en el Congreso Aapresid 2025
Andrea Garofalo
Editora
Published on September 2025

En el XXXIII Congreso de Aapresid, la educación rural se colocó en el centro del debate como eje estratégico para el desarrollo territorial y la equidad educativa. Bajo el título “Escuelas rurales: raíz de asentamiento y desarrollo integral de ruralidad”, educadores y autoridades compartieron visiones, desafíos y oportunidades de un sistema que, a pesar de la dispersión y las dificultades de infraestructura, demuestra una enorme capacidad de innovación y resiliencia. Luis María Vedoya y Alicia Fregonese coincidieron en que repensar la escuela rural no solo fortalece la formación de niños y jóvenes, sino que también dinamiza comunidades y proyectos productivos en todo el país.
Un llamado a cambiar la mirada
La primera ponencia del panel estuvo a cargo de Luis María Vedoya, educador y referente de proyectos de desarrollo local. Vedoya abrió su intervención con una invitación: dejar de pensar en la “escuelita rural en medio de la nada” para reconocer el potencial de la “escuelaza en medio de todo”.
Su intervención se centró en un mensaje potente: la necesidad de cambiar la mirada sobre la educación rural.
Con anécdotas personales y experiencias concretas, el educador mostró cómo un cambio de perspectiva puede transformar comunidades. Para ilustrar su idea compartió la historia de Chuña, un pequeño pueblo de 600 habitantes en Córdoba. Allí, docentes y alumnos pasaron de la frustración a la innovación al preguntarse qué tenían en abundancia. La respuesta fueron tunas. Con ese recurso desarrollaron un proyecto escolar que llegó hasta una feria internacional en California. “Lo único que cambió fue la mirada. Donde parecía que no había nada, había todo”, resumió.

Vedoya también relató experiencias en Quemú Quemú (La Pampa), donde un programa de becas y cursos de oficios logró reinsertar a jóvenes en el sistema educativo, y en el Chaco salteño, donde el pedido más urgente de una escuela no fue agua ni tecnología, sino una heladera. “Ese fue mi mayor aprendizaje: escuchar antes de imponer. Una heladera dignificó la vida de 40 chicos más que cualquier plan elaborado desde afuera”, confesó.
“No se trata de gestionar la escasez, sino de descubrir la abundancia. En cada escuela hay potencial esperando ser reconocido.”



La escuela como comunidad y motor de arraigo
La segunda parte del panel estuvo a cargo de Alicia Fregonese, presidenta del Consejo General de Educación de Entre Ríos, quien aportó una mirada sistémica sobre la ruralidad.
“La escuela rural no es carencia: es flexibilidad, integración y proyectos. Esa capacidad de adaptarse es lo que hoy buscamos en la educación urbana”, afirmó. Recordó que en su provincia más del 50% de la población escolar está en áreas rurales y que el 60% de las escuelas primarias se ubican en ese entorno. Muchas de ellas funcionan con menos de cinco alumnos, lo que plantea desafíos de nucleamiento y de acceso.

Para Fregonese, la escuela rural es un espacio de socialización y pertenencia en contextos de aislamiento. “Allí no solo se aprende: se construye comunidad. Si hay escuela, hay comunidad. Si hay comunidad, hay futuro”, enfatizó.
La funcionaria destacó que la pandemia abrió nuevas oportunidades, con familias que optaron por mudarse al campo en busca de calidad de vida, seguridad y menores costos. En este contexto, la educación rural aparece como un factor estratégico para el arraigo. “Necesitamos políticas públicas robustas y articuladas con productores, municipios y familias. La educación es demasiado grande para que alguien la encare solo”, remarcó.

Desafíos compartidos y caminos posibles
Tanto Vedoya como Fregonese coincidieron en que el futuro de la educación rural no se resuelve con soluciones aisladas. Hace falta articular esfuerzos entre Estado, sector privado, sociedad civil y comunidades locales.
Vedoya sintetizó su visión: “Siempre hay algo desde donde construir. Puede ser una tuna, un curso de oficios o una heladera. Lo importante es cambiar la mirada y animarse a descubrir ese potencial”.
Fregonese, en tanto, remarcó que la ruralidad necesita planificación a largo plazo: alfabetización, transporte, redes de escuelas y programas de acompañamiento docente. “La clave es que la educación vuelva a ser un factor de arraigo y de desarrollo. La escuela rural no es el pasado: es el futuro”, concluyó.
Una invitación a involucrarse
El encuentro cerró con un llamado a la acción. Los expositores coincidieron en que no alcanza con romantizar la escuela rural: hay que involucrarse activamente en su fortalecimiento. Desde productores que colaboran con caminos rurales hasta cooperadoras que pintan las aulas, cada aporte suma.
El mensaje final fue contundente: “Con poco se puede hacer mucho. La escuela rural es semilla de futuro y motor de desarrollo. Depende de todos regarla.”
Related Notes
Perspectivas Sociopolíticas
Innovación y Agtech
Innovación y Agtech