
Manejo de Plagas
Malezas que avanzan: nuevas caras, viejos desafíos
Referentes de distintas regiones del país compartieron su experiencia y advertencias sobre el avance de malezas resistentes.
Catalina Jamardo
Editora
Published on September 2025

“En el presente estamos en una situación crítica, pero la esperanza es poder avanzar hacia un futuro con mejor manejo de malezas”. La frase, contundente, pertenece a Juan Carlos “Chachín” Morales, asesor y docente de Sanidad Vegetal en la Universidad Nacional de Tucumán. Con ella abrió un panel en el que también participaron José Luis “Pepi” Zorzin, subdirector de la REM de Aapresid, y Esteban Bilbao, asesor en el sudeste bonaerense. Tres visiones que, de norte a sur, mostraron cómo cambió el mapa de malezas en las últimas dos décadas y qué se puede esperar de cara al futuro.
Un problema que no reconoce fronteras
En la apertura de la charla, Rolando Di Marco, de Corteva, compartió un dato que resume la magnitud del desafío: Conyza y Amaranthus ya ocupan más de 25 millones de hectáreas, prácticamente toda la región agrícola argentina. A su vez, el complejo de gramíneas y los nabos cada vez ocupan mayor superficie.

También mostró la evolución de resistencias acumuladas a distintos modos de acción, con una curva ascendente que refleja cómo incluso los herbicidas considerados “más seguros”, como las auxinas sintéticas, empiezan a mostrar escapes después de 30 o 40 años de uso continuo. El mensaje fue claro: rotar principios activos ya no es una opción, es una necesidad.

El primero en exponer fue Morales, socio de Aapresid desde el año 2000. Desde su rol en el NOA, NEA y norte de Córdoba, hizo un recorrido histórico que sirve para dimensionar el problema.
En 2004, cuando recién comenzaba la REM, los casos de resistencia a glifosato eran apenas sospechas. “Hasta ese momento no había registros confirmados en Argentina. Poco después apareció el sorgo de Alepo resistente, que cambió para siempre la forma en que entendemos el manejo de malezas”, recordó.
Luego llegaron Echinochloa colona, Eleusine indica, distintos tipos de tricloris (“pastos duros”) y el primer caso documentado de Amaranthus quitensis resistente a ALS en Tucumán. Con el tiempo se sumaron biotipos de Amaranthus hybridus resistentes tanto a glifosato como a ALS, y Raphanus sativus (nabon) resistente a ALS en invierno.
El escenario actual es complejo: malezas perennes con raíces engrosadas que toleran incluso laboreo mecánico, especies de “hojas duras” como Borreria y Spermacoce, y superduraderas como Synedrellopsis.
“Lo que cambió no es tanto la presencia, sino la abundancia relativa. Hace 15 años ya estaban, pero en menor densidad. Hoy los barbechos nos muestran un conjunto cada vez más grande de gramíneas y latifoliadas resistentes y tolerantes”, resumió Morales.
Zorzin: resistencias múltiples en la zona núcleo
Desde Marcos Juárez, José Luis “Pepi” Zorzin aportó la mirada de la zona núcleo. Allí, el problema no es la falta de conocimiento, sino la velocidad con la que aparecen nuevas resistencias.
En invierno se destacan Conyza resistentes a ALS y glifosato, raigrás con resistencias a glifosato y haloxifop, Carduus acanthoides resistente a hormonales, además de especies como Hirschfeldia incana y Sonchus oleraceus con resistencia múltiple.
En verano, el panorama se complica con Amaranthus palmeri, sorgos resistentes a glifosato y graminicidas, Commelina erecta tolerante a glifosato y gramíneas como Eleusine indica , entre otras.
“No se trata de aplicar más, sino de aplicar mejor, rotando modos de acción y pensando en la biología de cada especie”, remarcó Zorzin.
Los ensayos de la REM confirmaron que los tratamientos secuenciales son más efectivos que los tradicionales “dobles golpes”. Estos se hacen a los 30 días, usando un quemante como el glufosinato, actuando sobre el rebrote, distinto al doble golpe que se hace 15 días luego del primer tratamiento.
En el control de Carduus acanthoides, las mezclas con hormonales picolínicos (picloram) mostraron buena sinergia, mientras que los PPO no dieron resultados consistentes. En el caso de Commelina erecta, el control más eficaz fue con programas que incluían residuales y dos momentos de intervención, a la siembra y dentro del cultivo.
Zorzin advirtió que la presión de selección química sigue siendo muy alta y que todas las prácticas utilizadas en Argentina ya generaron resistencia en otras partes del mundo. “Las especies driver no cambiaron, pero cada vez están más adaptadas. El desafío es usar el conocimiento de qué mezclas aportan y cuáles restan, para reducir la presión de selección”, explicó.


Bilbao: reaccionar a tiempo en el sur bonaerense
El último en exponer fue Esteban Bilbao, asesor y socio de Aapresid Necochea, quien compartió la historia de resistencias en el sudeste bonaerense.
En el 2000, con labranza convencional, ya había problemas con avena negra, quinoa y cebollín. Pero el verdadero quiebre llegó con la siembra directa: rama negra con escapes a glifosato, nabón resistente a ALS, raigrás con resistencia creciente a distintos modos de acción.
Con los años se sumaron la “nabolza” (un nabo con gen de resistencia al glifosato de la colza), yuyo colorado, sorgo de Alepo, Commelina, Epilobium, mostacillas y capines resistentes. En 2025, el raigrás ya presenta resistencia comprobada a glifosato, ALS, ACCasa y cletodim, y se sospecha resistencia a paraquat.

Bilbao resaltó que aún hay margen: para raigrás existen 11 modos de acción efectivos, y para nabolzas y yuyo colorado también hay varias alternativas. Pero aclaró que ninguna funciona sola y que los primeros años son determinantes.
Conclusiones colectivas: más redes, menos balas de plata
En el cierre, los tres especialistas coincidieron en que no hay soluciones mágicas. El camino es diversificar: rotar cultivos, fechas de siembra, modos de acción y estrategias de control. Invertir en monitoreo temprano, aplicar dosis correctas y reaccionar rápido cuando aparecen los primeros individuos resistentes.
Di Marco destacó la importancia de respetar las dosis indicadas en el marbete según el estadío de la maleza. “Si bajamos la dosis, dejamos sobrevivir un porcentaje de individuos que favorece la aparición de mutaciones y resistencias. Además, cuando encontramos malezas muy grandes en el lote, debemos aplicar más de lo que indica el marbete, porque de lo contrario se trataría de subdosis, con el mismo efecto indeseado”, explicó.
“La bala de plata no está en el tanque, está en la cabeza del productor y en las redes que formamos”, resumió Morales.
La charla dejó en claro que el desafío de las malezas resistentes no es solo agronómico, sino también organizacional. Las herramientas están, pero requieren ser usadas con inteligencia colectiva. El futuro dependerá de la capacidad de anticipar, innovar y trabajar en red para que la agricultura siga siendo productiva y sustentable.
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