Diseñando el rinde: estrategias integrales para potenciar el girasol
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Diseñando el rinde: estrategias integrales para potenciar el girasol
La Red de Girasol presentó aprendizajes sobre nutrición, densidad, sanidad y elección de híbridos.
Catalina Jamardo
Editora
Published on September 2025

En el marco del Congreso Aapresid, un panel integrado por Ernesto Jáuregui, productor, asesor y presidente de la Regional Aapresid Guaminí-Carhué, Carolina Troglia, INTA Balcarce, coordinadora de la Red Sur de Cultivares de Girasol de INTA-ASAGIR y Marina Montoya, doctora en Ciencias Agrarias, INTA-CONICET Balcarce, especialista en sanidad vegetal, presentó resultados y recomendaciones de la Red de Girasol de Aapresid, que ya suma tres años de trabajo en más de 15 localidades del país.
La consigna fue clara: “el rinde del girasol se diseña”, y hacerlo bien depende de integrar conocimiento, ambiente y genética.
Un cultivo que aporta resiliencia
Jáuregui comenzó destacando algunas virtudes fisiológicas del girasol. “Sus raíces exploran hasta los 3,2 metros de profundidad, lo que le da una rusticidad particular y capacidad para tolerar ambientes restrictivos, incluso con algo de salinidad, mejor que maíz o soja”, explicó.
Además, su periodo crítico de definición de rinde ocurre en una ventana distinta a la de los cultivos de gruesa tradicionales. “Para quienes hacemos mucho maíz tardío y soja, el girasol nos corre el periodo crítico dos o tres meses, lo que es clave frente a lluvias erráticas y también en lo financiero: permite tener ingresos antes, diversificando riesgos”, señaló.
Por eso, más allá de los ambientes marginales donde históricamente se lo asoció, el girasol se afianza como una alternativa estratégica dentro de las rotaciones.



Diseño del rinde: claves del arranque
El primer tercio del ciclo es el más vulnerable. “Hasta V8 el cultivo es muy susceptible a la competencia: malezas, plagas y desuniformidad en la emergencia pueden condicionar todo el resultado. Después de ese estadio, el cultivo camina solo”, advirtió Jáuregui.
Por eso, condiciones de siembra óptimas son innegociables: humedad adecuada y suelos con al menos 15°C. En zonas con cobertura abundante, el uso de barre-rastrojos ayuda a uniformar la temperatura y adelantar la siembra en el centro-sur.
Las cortadoras (plagas de suelo) son otro enemigo de esta etapa: con umbrales muy bajos (0,3 larvas/m²), obligan a un monitoreo exhaustivo, especialmente cuando el antecesor es soja.

Nutrición: respuestas condicionadas por ambiente y antecesor
Los ensayos de la Red de Girasol mostraron que las respuestas a la fertilización nitrogenada no son uniformes.
En ambientes de bajo potencial (rendimientos esperados <2500 kg/ha) con antecesor trigo/soja, las respuestas son mínimas o nulas. En cambio, si el antecesor es maíz o sorgo, incluso en esos ambientes pueden verse incrementos en el rinde con dosis de N.
En ambientes de mayor potencial (>2500 kg/ha) la respuesta es más probable, aunque muchas veces errática. “El ambiente, el antecesor y la estrategia empresarial (más ofensiva o defensiva) son los factores que determinan si conviene o no fertilizar”, explicó Jáuregui.
En los ensayos, el umbral de respuesta se situó en torno a 40 kg de N: más allá de ese punto, el déficit de rinde pasa a estar condicionado por otros factores.
Un aspecto clave es la fertilización en la línea de siembra. “A dosis normales no hay fitotoxicidad, pero si nos excedemos, el fertilizante ‘chupa’ agua por ser higroscópico y puede secar la línea de siembra. Por eso conviene usar arrancadores, y si se busca reponer altas dosis, hacerlo de manera lateral o en otro cultivo”, recomendó.
“En girasol, el coeficiente de logro —la proporción de plantas que llegan a cosecha con capítulos productivos— define el rinde más que la genética, la fertilización o la sanidad”, afirmó Jáuregui.
Densidad y coeficiente de logro: la variable que más pesa
La Red identificó tres umbrales claros de logro: cuando supera el 80%, el cultivo consigue sostener su rinde potencial; si cae al rango del 60-80%, la merma en la productividad es significativa; y por debajo del 60%, el panorama es crítico, lo que Jáuregui ilustró con humor como una verdadera “convocatoria de acreedores”.
Las desuniformidades en la siembra, ya sea por variaciones en la profundidad o por diferencias de temperatura en lotes con cobertura, aparecen como las principales responsables de las caídas en el logro.
Actualmente, los híbridos comerciales alcanzan sus máximos rindes con 45.000 plantas logradas por hectárea. Superar esa densidad genera canopeos excesivos, favorece la humedad interna y aumenta riesgos de vuelco y enfermedades.
Híbridos: posicionar es la clave
Los resultados de los ensayos demostraron que no existen híbridos “buenos” o “malos” en términos absolutos, sino que el rendimiento depende de su correcta posición en el ambiente adecuado.
Al elegir, los criterios prioritarios son:
- Bonificación de aceite.
- Rendimiento y estabilidad.
- Capacidad de compensación (respuesta a baja densidad).
- Resistencia al vuelco.
- Comportamiento sanitario (phomopsis, entre otros).
Jáuregui advirtió sobre la importancia de la densidad en este punto: “Si al mejor híbrido con problemas de vuelco le ponemos 65.000 plantas, lo hacemos más susceptible a caerse en la primera tormenta”.
En cuanto a tecnología, los híbridos CL y CL Plus son valorados por la posibilidad de controlar malezas postemergentes. Los alto oleico ofrecen el mismo potencial de rinde con bonificaciones diferenciales, aunque presentan un mercado más limitado.

Enfermedades: diagnóstico y manejo integral
La sanidad fue uno de los ejes centrales abordados por Marina Montoya, quien repasó las principales patologías que amenazan al girasol y el modo en que comprometen su productividad.
Entre ellas, el Mildiu se destacó como la más devastadora, capaz de generar pérdidas del 70 al 100% en situaciones de epifitia. La Sclerotinia, tanto en la base del tallo como en el capítulo, también figura entre las de mayor impacto, mientras que la roya negra se presenta con mayor frecuencia en el norte del país. A estas se suman Diaporthe y Verticillium, así como Alternaria, Septoria, Phoma y Macrophomina, entre otras.
“Las pérdidas pueden variar entre el 10 y el 30% según la enfermedad y el ambiente, pero en casos severos —como mildiu, cancro o podredumbre de capítulo— se han registrado daños totales”, advirtió.
Frente a este escenario, Montoya subrayó la importancia de apostar por híbridos con buen comportamiento sanitario, sostener rotaciones con cultivos no hospedantes, controlar malezas que actúan como reservorio y, en situaciones puntuales, recurrir a tratamientos de semilla o control químico.
La mirada zonal: la campaña 24/25
Desde INTA Balcarce, Carolina Troglia presentó un análisis por regiones de la última campaña y perspectivas para la próxima:
- Norte: Se observaron macrofomina y roya negra.
- Centro: presencia de roya negra.
- Sudoeste: alternaria y mancha negra.
- Sudeste: mildiu al inicio, cancro y luego alternaria y mancha negra.
Para la campaña próxima, con previsiones de alta humedad en primavera y temperaturas en ascenso, la sanidad será un aspecto crítico. “El manejo debe empezar desde el día uno, con elección de híbridos adecuados, tratamientos de semilla y siembras oportunas”, advirtió.
Troglia sintetizó: “Hoy no existen materiales resistentes, solo de buen comportamiento. Por eso es fundamental monitorear el lote desde el inicio y ajustar las prácticas de manejo en función del riesgo sanitario de cada ambiente”.
Conclusiones: un diseño colectivo
El mensaje final del panel fue unánime: el rinde del girasol no depende de una práctica aislada, sino de un diseño integral que combina densidad, nutrición, genética y sanidad.
“En girasol no hay recetas únicas. La clave es posicionar cada tecnología en el ambiente correcto y no pasarse de densidad. Diseñar el rinde es anticiparse a los problemas, y hacerlo en red nos permite aprender más rápido”, concluyó Jáuregui.


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